Proyecto: La pedagogía del exterminio
Modernidad anticatólica, propaganda y destrucción de los pueblos tradicionales
Entrada 7 | Vendée y El Salvador: comparación, no confusión
Después de estudiar la prensa, Feliciano Ama, Farabundo Martí, el occidente cafetalero, Monseñor Belloso y la fabricación del enemigo interno, esta entrada abre el gran eje comparativo: la Vendée revolucionaria y El Salvador 1932 como casos distintos que permiten observar una misma pedagogía moderna de desprecio contra pueblos tradicionales.
Entradas anteriores del proyecto: 1. 1932: prensa, higienismo social y deshumanización del campesino indígena · 2. Feliciano Ama · 3. Farabundo Martí, Sandino y Mérida · 4. Sonsonate y Santa Ana · 5. Monseñor Belloso · 6. La prensa de 1932.
Comparar El Salvador de 1932 con la Vendée no significa confundir contextos. La Francia revolucionaria de 1793 y el occidente salvadoreño de 1932 son mundos distintos. La Vendée fue una insurrección campesina, católica y monárquica contra la Revolución francesa; El Salvador vivió una crisis campesino-indígena dentro de un país cafetalero, atravesado por comunismo, militarismo, pobreza, prensa deshumanizante y larga erosión liberal de las mediaciones tradicionales.
Pero precisamente porque no son casos idénticos, la comparación puede ser fecunda. No se trata de copiar una categoría francesa y pegarla sobre El Salvador. Se trata de descubrir un mecanismo común: cuando un pueblo tradicional, campesino y religioso es presentado como obstáculo del nuevo orden, la violencia puede ser narrada como necesidad histórica. Ese mecanismo es el corazón de lo que este proyecto llama pedagogía del exterminio.
La comparación exige dos virtudes: audacia y prudencia. Audacia para reconocer patrones modernos de deshumanización, disciplinamiento y memoria administrada. Prudencia para no borrar las diferencias de época, instituciones, actores, lenguaje y causalidad. Sin audacia, la historia queda muda. Sin prudencia, se vuelve consigna. Aquí necesitamos ambas.

La Vendée: pueblo católico contra la Revolución
La Vendée se levantó contra la Revolución francesa en un contexto marcado por la Constitución Civil del Clero, el juramento impuesto a sacerdotes, la persecución de clérigos fieles a Roma, la leva militar, la descristianización y la ruptura entre el proyecto revolucionario y comunidades campesinas profundamente católicas. La religión no fue un adorno del conflicto: fue uno de sus nervios centrales.
La documentación conservada en FranceArchives sobre las guerras de Vendée permite ubicar el conflicto dentro de una masa de correspondencia, informes militares, expedientes administrativos, justicia revolucionaria y memoria local. A esto deben sumarse los archivos departamentales de Vendée, Maine-et-Loire, Loire-Atlantique y Deux-Sèvres, además de registros parroquiales, municipales y militares.
Desde el poder revolucionario, el campesino vandeano podía ser visto como atraso, fanatismo, superstición, resistencia clerical o amenaza contrarrevolucionaria. En ese desplazamiento semántico se juega el problema. El campesino deja de ser vecino, feligrés, padre de familia o miembro de una comunidad concreta; pasa a ser obstáculo de la regeneración nacional. Allí comienza la pedagogía del desprecio.
El Salvador 1932: pueblo indígena-campesino bajo otro lenguaje
El Salvador de 1932 no repite la Vendée. Aquí no hay una insurrección monárquica ni una defensa explícita del clero perseguido. El centro inmediato está en el occidente cafetalero: tierras, salarios, pobreza, comunidades indígenas, crisis política, Partido Comunista, Estado militar y represión. Pero el pueblo afectado no era una masa abstracta. Tenía pueblos, cofradías, parroquias, autoridades comunitarias, memoria de tierra y formas católicas de vida social.
Por eso las entradas anteriores han insistido en mirar a Feliciano Ama no como una figura plana, sino como líder indígena y cofrade capturado luego por memorias ideológicas distintas; a Farabundo Martí como zona bisagra entre redes revolucionarias y dolor social local; y a Monseñor Belloso como representante de una doctrina católica que condenaba el comunismo sin por ello negar el deber de justicia social.
En El Salvador, el lenguaje de deshumanización no fue idéntico al francés revolucionario, pero cumplió una función semejante: convertir a una población concreta en amenaza. El indígena-campesino podía ser presentado como comunista, cabecilla, masa peligrosa o incluso como forma inferior de humanidad social. La entrada sobre la prensa de 1932 mostró ese taller de fabricación verbal.
El pueblo como obstáculo
En la Vendée, el campesino católico fue visto por el poder revolucionario como obstáculo para la regeneración de Francia. En El Salvador, el campesino indígena de Occidente fue presentado por la prensa y el Estado como amenaza comunista, masa peligrosa y, en algunos discursos, forma inferior de humanidad social. En ambos casos, el pueblo dejó de ser prójimo y pasó a ser problema.
Este cambio de mirada es decisivo. La represión masiva necesita algo más que armas: necesita una palabra que la justifique. Fanático, brigante, reaccionario, indio comunista, subhombre. Cada época inventa sus nombres; el mecanismo moral se parece. Antes de la violencia material suele haber una pedagogía del desprecio.
La modernidad revolucionaria no siempre elimina al pueblo en nombre del odio. A veces lo elimina en nombre de una abstracción: la nación regenerada, la república, el progreso, la seguridad, la igualdad futura o el orden público. Lo concreto —la aldea, la parroquia, la cofradía, la familia, la tierra— queda subordinado a un ideal que se presenta como superior a las personas vivas.
La religión como mediación social
En la Vendée, la cuestión religiosa estaba en el centro: juramento constitucional del clero, persecución eclesiástica, descristianización y defensa de sacerdotes fieles. En El Salvador, la dimensión religiosa es menos visible, pero no menos importante: cofradías indígenas, mundo católico rural, Iglesia enfrentada al comunismo y a la vez preocupada por la justicia social.
El poder moderno no siempre ataca la fe de la misma manera. A veces la persigue directamente; otras veces desarma las comunidades que la sostienen. La cofradía, la parroquia, la tierra, la fiesta religiosa y la autoridad comunitaria pueden ser destruidas sin necesidad de declarar una guerra formal contra Dios. La fe puede ser expulsada por decreto o debilitada por la ruptura de sus mediaciones sociales.
La Vendée enseña el modelo frontal: el campesino se levanta en defensa de su religión, su rey y sus sacerdotes. El Salvador muestra un modelo más complejo: el pueblo indígena-campesino no aparece bajo una bandera explícitamente religiosa, pero conserva formas católicas de comunidad que habían sido golpeadas por la modernización liberal, la economía cafetalera y la presión de ideologías modernas.
Esta diferencia no debilita la comparación; la hace más precisa. En un caso, la religión aparece como causa explícita de resistencia. En el otro, aparece como tejido social profundo, como mediación comunitaria herida, como horizonte moral disputado por el comunismo, por el Estado y por las élites modernas. El punto común es que la comunidad tradicional termina siendo tratada como obstáculo.
Exterminio, genocidio y debate historiográfico
La Vendée abrió uno de los grandes debates modernos sobre violencia revolucionaria, exterminio y posible genocidio. Reynald Secher, en Le génocide franco-français: La Vendée-Vengé, sostuvo una tesis fuerte sobre genocidio franco-francés. Jean-Clément Martin, en obras como La Vendée et la France y sus estudios sobre violencia revolucionaria, ha discutido esa interpretación y ha insistido en matices de guerra civil, represión, memoria y construcción historiográfica. La diferencia entre ambos no debe ocultarse: es precisamente parte del debate serio.
Para El Salvador, también existe disputa de lenguaje: matanza, represión, masacre, etnocidio, genocidio, pacificación, levantamiento comunista, rebelión indígena-campesina. Cada palabra distribuye culpa, intención, víctimas y sentido histórico. Por eso esta serie no debe usar categorías máximas sin prueba, pero tampoco debe aceptar el vocabulario del vencedor como si fuera neutral.
La comparación con la Vendée no busca importar mecánicamente la palabra genocidio. Busca reconocer que las democracias, repúblicas, revoluciones y Estados modernos pueden producir lenguajes de eliminación cuando definen a ciertos pueblos como enemigos de la historia. Allí la pregunta jurídica puede discutirse; la pregunta moral no desaparece: ¿qué ocurre cuando el poder deja de ver personas y empieza a ver obstáculos?
Memoria administrada y vencidos sin voz
La Vendée y 1932 comparten otra dimensión: la batalla posterior por la memoria. Después de la violencia, comienza la administración del relato. Unos hablan de pacificación; otros, de represión; otros, de genocidio; otros, de lucha de clases. La tarea histórica consiste en volver a los documentos sin aceptar de antemano el vocabulario de los vencedores ni la propaganda de los herederos ideológicos.
Quien controla la memoria controla la culpa. Si el vencido queda sin archivo, sin nombre y sin voz, su muerte puede convertirse en nota al pie. Por eso la investigación no puede limitarse al despacho del ministro, al parte militar o al editorial del periódico. Debe bajar a parroquias, pueblos, cementerios, cofradías, registros civiles, correspondencia familiar, listas de víctimas y memoria oral.
La comparación permite mirar 1932 desde una perspectiva más amplia. No para forzar un molde francés, sino para reconocer una estructura: primero se identifica al pueblo tradicional como obstáculo; luego se le degrada moralmente; después se justifica su sometimiento; finalmente, se disputa la memoria para impedir que el vencido hable con su propia voz.
Una comparación necesaria, pero limitada
La Vendée ayuda a mirar El Salvador porque muestra un patrón temprano: el pueblo religioso puede convertirse en enemigo de la historia. El Salvador ayuda a mirar la Vendée porque muestra cómo, mucho después, una lógica semejante puede reaparecer bajo otros nombres: higiene social, orden militar, anticomunismo estatal, modernización cafetalera o seguridad pública.
No se trata de repetir fórmulas. Se trata de reconocer una pedagogía política: antes de eliminar a un pueblo, se le enseña al mundo a despreciarlo. Cuando esa pedagogía se instala, la violencia ya no parece crimen, sino cumplimiento de una necesidad superior. Ahí está la raíz común de muchos procesos modernos de exterminio social.
Pero la comparación debe detenerse donde el archivo lo exige. La Vendée tiene su propia estructura: monarquía, Revolución francesa, clero juramentado, guerra civil, columnas infernales, descristianización y Estado revolucionario. El Salvador tiene otra: liberalismo oligárquico, café, comunidades indígenas, comunismo joven, Estado militar, prensa higienista y memoria nacional fracturada. El parentesco está en el mecanismo de deshumanización, no en una identidad total de causas.
La antropología cristiana frente a la razón de Estado
La lectura católica añade una resistencia fundamental: ningún pueblo puede ser reducido a material histórico. Ni la nación, ni la revolución, ni el Estado, ni el progreso, ni la seguridad tienen derecho a borrar la dignidad de una comunidad concreta. La historia se vuelve idolatría cuando exige sacrificios humanos en nombre de un futuro abstracto.
La Vendée y El Salvador enseñan que la razón de Estado y la razón revolucionaria pueden coincidir en un punto oscuro: ambas pueden pedir que una población sea tratada como obstáculo. El catolicismo se opone a esa reducción no por romanticismo político, sino por antropología: cada persona es imagen de Dios, no residuo de la historia ni pieza reemplazable del orden público.
La palabra decisiva vuelve a ser prójimo. Cuando el campesino, el indígena o el creyente dejan de ser prójimo y pasan a ser enemigo histórico, la violencia queda moralmente desbloqueada. La pedagogía del exterminio comienza exactamente allí: en el momento en que una comunidad aprende a mirar a otra comunidad como sobrante.
Lo probado, lo probable y lo pendiente
Lo probado es que la Vendée fue una insurrección campesina y católica contra la Revolución francesa; que El Salvador vivió en 1932 una matanza vinculada a la crisis campesino-indígena del occidente cafetalero; que en ambos casos existe disputa posterior por nombrar la violencia y asignar responsabilidades; y que la historiografía sobre la Vendée mantiene un debate importante entre la tesis de genocidio y lecturas más matizadas de guerra civil y represión revolucionaria.
Lo probable es que ambos casos compartan una lógica de deshumanización del pueblo tradicional, aunque sus causas inmediatas y contextos sean distintos. También es probable que la comparación permita reconocer mecanismos de propaganda, miedo, disciplinamiento social y destrucción de mediaciones religiosas o comunitarias. Esa probabilidad no autoriza a borrar diferencias ni a imponer una categoría única a ambos procesos.
Lo pendiente es profundizar en archivos primarios de ambos procesos: órdenes militares, prensa, correspondencia política, documentos eclesiásticos, testimonios, registros parroquiales, listas de víctimas y archivos administrativos. Solo así puede precisarse qué grado de comparación es legítimo, qué categorías son sostenibles y dónde debe detenerse el paralelo para no forzar la historia.
El prójimo contra el enemigo histórico
La Vendée y El Salvador enseñan que el mayor peligro político aparece cuando el prójimo es reemplazado por el enemigo histórico. El campesino deja de ser vecino; el creyente deja de ser alma; el indígena deja de ser miembro de una comunidad; todos pasan a ser obstáculo. Esa sustitución es una herejía antropológica aunque no se presente como doctrina religiosa.
La mirada cristiana se opone a esa sustitución. La persona no se define por su utilidad para el progreso, ni por su lugar en la revolución, ni por su aceptación del Estado. Se define por su origen y destino en Dios. Cuando una época olvida eso, puede seguir hablando de humanidad mientras destruye hombres concretos. La comparación entre la Vendée y 1932 obliga a no olvidar esa advertencia.
Fuentes primarias, directas y archivísticas
- FranceArchives, “Guerres de Vendée”. Portal archivístico francés para localizar fondos, inventarios y documentos vinculados a las guerras de Vendée.
- Archives départementales de la Vendée. Ruta primaria para registros locales, documentos administrativos, memoria departamental y fondos relativos al conflicto.
- Gallica, Bibliothèque nationale de France. Biblioteca digital para prensa, panfletos, memorias, mapas y materiales impresos del periodo revolucionario.
- Correspondencia, órdenes militares y expedientes revolucionarios sobre la guerra de Vendée, incluyendo documentación relativa a representantes en misión, comités revolucionarios y operaciones militares. Fuentes primarias pendientes de cotejo sistemático.
- Archivos parroquiales, registros sacramentales, registros civiles y memorias locales de las zonas vandeanas afectadas. Fuentes necesarias para recuperar nombres, familias y comunidades concretas.
- Wikimedia Commons, “Vendee-militaire.png”. Fuente visual cartográfica para ubicar la Vendée militar.
- Archivo Digital del Diario Oficial de El Salvador. Fuente estatal para decretos, disposiciones y contexto institucional salvadoreño de 1931–1932.
- Prensa salvadoreña de época: El Día, Patria, Diario Latino, La Prensa y prensa católica. Fuente primaria para comparar lenguaje, censura, propaganda y representación del pueblo vencido.
- Archivos municipales, parroquiales, cofradiales, militares, judiciales y diplomáticos relativos al occidente salvadoreño en 1931–1932. Fuentes indispensables para reconstruir la dimensión local de la matanza.
Fuentes secundarias principales
- Secher, Reynald. Le génocide franco-français: La Vendée-Vengé. París: Presses Universitaires de France, 1986. Obra central de la tesis del genocidio vandeano.
- Martin, Jean-Clément. La Vendée et la France. París: Seuil, 1987. Referencia crítica para matizar el debate sobre guerra civil, represión y memoria.
- Martin, Jean-Clément. La guerre de Vendée, 1793–1800. París: Seuil. Estudio de síntesis sobre el conflicto vandeano y sus interpretaciones.
- Hussenet, Jacques, dir. Détruisez la Vendée! La Roche-sur-Yon: Centre vendéen de recherches historiques, 2007. Obra colectiva sobre violencia, represión y cifras del conflicto.
- Furet, François. Penser la Révolution française. París: Gallimard, 1978. Contexto interpretativo sobre la Revolución francesa y su lógica política.
- Tackett, Timothy. The Coming of the Terror in the French Revolution. Harvard University Press, 2015. Contexto sobre radicalización, miedo y violencia política revolucionaria.
- Gould, Jeffrey L., y Aldo A. Lauria-Santiago. To Rise in Darkness: Revolution, Repression, and Memory in El Salvador, 1920–1932. Duke University Press, 2008.
- Gould, Jeffrey L., y Aldo Lauria-Santiago. 1932: rebelión en la oscuridad. San Salvador: Museo de la Palabra y la Imagen, 2008.
- Ching, Erik. Authoritarian El Salvador: Politics and the Origins of the Military Regimes, 1880–1940. University of Notre Dame Press, 2014.
- Ching, Erik, y Virginia Tilley. “Indians, the Military and the Rebellion of 1932 in El Salvador”. Journal of Latin American Studies, Cambridge Core.
- Anderson, Thomas. El Salvador 1932. Los sucesos políticos. Biblioteca de Historia Salvadoreña.
- Alvarenga, Patricia. Cultura y ética de la violencia: El Salvador 1880–1932. San José: EDUCA, 1996.
- Flores Manzano, Carlos. “1932, los medios y la legitimación de la deshumanización indígena”. La Prensa Gráfica, 2025.
