IDEARIO .
# IDEARIO
Filosofía Iberoamericana es un espacio de reflexión, investigación y combate cultural inspirado explícitamente en la cosmovisión cristiana y fiel al Magisterio de la Iglesia católica.
Partimos de una convicción fundamental: la verdad existe, puede ser conocida y no depende de la voluntad del poder, de las modas ideológicas ni de las mayorías circunstanciales. La fe y la razón no son enemigas. Rectamente comprendidas, se iluminan mutuamente y permiten contemplar al ser humano, la sociedad y la historia en toda su profundidad.
Reconocemos la dignidad inviolable de toda persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Esa dignidad no es concedida por el Estado, el mercado, los partidos políticos ni los organismos internacionales. Es anterior a ellos y constituye el límite moral de todo poder.
Por esta razón defendemos la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural; la familia fundada en la unión entre el hombre y la mujer; la libertad religiosa; el derecho de los padres a educar a sus hijos; el trabajo digno; la propiedad legítima subordinada al bien común; la justicia social; la solidaridad y la subsidiariedad.
Nuestra reflexión se nutre de la Sagrada Escritura, la Tradición, el Magisterio de la Iglesia, la filosofía perenne y la experiencia histórica de los pueblos iberoamericanos. Prestamos especial atención a san Agustín, santo Tomás de Aquino y a los grandes pensadores cristianos de España e Hispanoamérica, sin excluir el diálogo crítico con otras tradiciones filosóficas, científicas y políticas.
Entendemos la filosofía iberoamericana como una reflexión situada en nuestra historia, nuestras heridas, nuestra fe y nuestra vocación como pueblos. No aceptamos que Iberoamérica deba limitarse a repetir categorías elaboradas en otros centros de poder. Debe pensar con voz propia, sin negar la herencia universal de la verdad y sin renunciar a sus raíces cristianas.
Defendemos la civilización cristiana, no como una nostalgia arqueológica ni como una idealización acrítica del pasado, sino como una herencia viva que ha dado forma a nuestra concepción de la persona, la libertad, la justicia, la familia, la universidad, el derecho, la ciencia y la comunidad política.
No aceptamos la falsa neutralidad que coloca la verdad cristiana al mismo nivel que cualquier ideología. Tampoco confundimos la defensa de la fe con la adhesión incondicional a partidos, gobiernos, grupos económicos o intereses internacionales. Todo sistema político y toda estructura de poder deben ser juzgados de acuerdo con la ley natural, la dignidad humana, la justicia y el bien común.
Rechazamos la mentira, la manipulación, la violencia revolucionaria, la persecución religiosa y la instrumentalización del ser humano. Pero tampoco confundimos la paz con el silencio, la pasividad o la rendición ante la injusticia. La verdadera paz nace de la verdad, la justicia, la caridad y el recto orden de la sociedad.
Nuestra crítica se dirige también contra los reduccionismos que han marcado la modernidad: el materialismo, el positivismo convertido en dogma, el relativismo moral, el individualismo radical, el colectivismo, el cientificismo y toda concepción que pretenda reducir a la persona a materia, consumidor, productor, votante o simple unidad estadística.
Reconocemos el valor extraordinario de la ciencia y la tecnología cuando se encuentran al servicio de la persona. Rechazamos, sin embargo, que el poder técnico sea considerado su propia justificación moral. No todo lo técnicamente posible es humanamente lícito. La ciencia necesita de la ética, y la ética necesita una concepción verdadera del ser humano.
Nuestro método será interdisciplinario y documental. Integraremos filosofía, teología, historia, medicina, ciencia, política, economía, cultura y comunicación. Distinguiremos los hechos comprobados de las interpretaciones y las hipótesis; citaremos las fuentes; examinaremos versiones contrapuestas y corregiremos los errores cuando la evidencia lo exija.
La firmeza doctrinal no dispensa del rigor intelectual: lo exige. Defender la verdad mediante datos falsos, citas alteradas o acusaciones sin pruebas sería traicionar la misma verdad que afirmamos servir.
Este espacio no pretende ejercer una representación oficial de la Iglesia. Sus análisis y juicios particulares son responsabilidad de su autor, quien los somete conscientemente a la fe católica, al Magisterio y a la búsqueda honesta de la verdad.
Nuestra misión es evangelizar la cultura, recuperar la memoria cristiana de nuestros pueblos, examinar las estructuras visibles y ocultas del poder, denunciar los procesos que degradan a la persona y contribuir a la reconstrucción moral e intelectual de Iberoamérica.
No escribimos para acomodarnos al espíritu del mundo. Escribimos para comprenderlo, someterlo al juicio de la verdad y, cuando contradiga la ley de Dios y la dignidad humana, enfrentarlo.