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1932: prensa, higienismo social y deshumanización del campesino indígena

Portada de la entrada sobre prensa, higienismo social y deshumanización del campesino indígena en 1932

Proyecto: La pedagogía del exterminio
Modernidad anticatólica, propaganda y destrucción de los pueblos tradicionales

Serie: Modernidad anticatólica, propaganda y exterminio social

Antes de que un pueblo sea destruido, suele ser desfigurado. Antes de que el fusil actúe, la palabra ha hecho su trabajo. Lo ha reducido a masa, atraso, amenaza, infección, fanatismo, raza inferior o enemigo histórico. Esa es la puerta de entrada de este proyecto: estudiar cómo la modernidad revolucionaria, liberal, comunista o secularizadora ha aprendido a justificar el despojo y la violencia contra pueblos concretos mediante una pedagogía previa del desprecio.

El Salvador de 1932 debe leerse desde esa clave. La matanza campesino-indígena del occidente salvadoreño no fue solo un episodio militar ni solo una reacción estatal frente a una insurrección comunista. Fue también el resultado de una larga preparación cultural, económica e ideológica en la que el campesino indígena dejó de ser visto como prójimo, comunidad y sujeto de justicia, para ser presentado como amenaza contra el cuerpo de la nación.

Esta primera entrada no pretende cerrar el caso. Pretende abrirlo con método. La prensa de la época, la doctrina social católica, la propaganda anticomunista, la circulación de lenguajes eugenésicos y el silencio sobre las injusticias sociales deben ser colocados en una misma mesa de disección histórica. El punto decisivo no es elegir entre una explicación oficial y una explicación revolucionaria. El punto es preguntar cómo fue posible que una población entera llegara a ser mirada como descartable.

Página de El Día, segunda sección, San Salvador, martes 2 de febrero de 1932, con el título La amenaza del sub-hombre, por Lothrop Stoddard
El Día, segunda sección, San Salvador, martes 2 de febrero de 1932: “La amenaza del sub-hombre”, por Lothrop Stoddard. Facsímil reproducido por La Prensa Gráfica en la nota de Carlos Flores Manzano, 25 de enero de 2025.

La palabra que prepara el exterminio

En febrero de 1932, el periódico El Día publicó materiales vinculados a Lothrop Stoddard bajo el título La amenaza del sub-hombre. El facsímil reproducido por La Prensa Gráfica muestra una pieza de enorme valor para comprender la atmósfera intelectual del momento: no se trata solamente de una denuncia política contra el comunismo, sino de la incorporación de un lenguaje biologista, jerarquizante y deshumanizador.

El título basta para comprender la gravedad del desplazamiento. El comunista podía ser combatido como adversario ideológico. El rebelde podía ser juzgado como sujeto político o penal. El campesino podía ser visto como pobre, trabajador, explotado o insurrecto. Pero el “subhombre” pertenece a otra categoría: ya no es simplemente alguien que piensa mal, actúa mal o se rebela. Es alguien situado por debajo de la plena humanidad moral. Cuando una sociedad acepta esa palabra, una frontera ha sido cruzada.

Por eso la prensa no debe ser tratada como simple acompañamiento de los hechos. La prensa puede preparar la sensibilidad moral del lector. Puede enseñar a temer, despreciar o justificar. Puede convertir una crisis social en amenaza racial, una protesta campesina en infección política, un pueblo concreto en masa peligrosa. En este sentido, la palabra no dispara, pero puede enseñar a no llorar al que ha sido disparado.

El Día y la intelectualidad modernizante

El Día no era un periódico marginal sin peso cultural. Carlos Cañas Dinarte ha reconstruido su lugar dentro de la vida intelectual salvadoreña en su estudio sobre el centenario de la fundación de ese diario intelectual salvadoreño. Ese dato vuelve más grave la cuestión: el lenguaje de degradación no circulaba únicamente en gritos de cuartel o rumores de plaza, sino en espacios que aspiraban a ordenar la opinión pública desde la cultura letrada.

Una sociedad moderna no solo domina mediante la fuerza. Domina también mediante la interpretación. El periódico educa al lector urbano: le dice qué debe temer, a quién debe asociar con el desorden, qué muertos deben ser considerados inevitables y qué preguntas deben quedar fuera del encuadre. En 1932, la cuestión indígena y campesina fue filtrada por una prensa que, en diversos grados, actuaba en un contexto de presión política, miedo social y consolidación del régimen militar.

Cuando esa prensa reproduce o permite circular un lenguaje como “subhombre”, el análisis ya no puede limitarse al anticomunismo. Hay que hablar de una antropología degradada. El campesino indígena no solo es presentado como adversario de un régimen; queda expuesto a ser visto como residuo de una humanidad defectuosa. Esa es la raíz más peligrosa de toda política de exterminio: no comienza negando la vida, sino negando primero el rostro.

Higienismo social y eugenesia: la falsa ciencia del desprecio

El lenguaje de Stoddard pertenece a una constelación intelectual marcada por el racialismo, el darwinismo social y la eugenesia. No es el lenguaje de la doctrina católica. No habla de pecado, conversión, justicia, prójimo o salvación. Habla de inferioridad, degeneración, amenaza biológica, selección y defensa del cuerpo social. Allí donde el cristianismo ve almas, el biologismo moderno ve material humano clasificado.

Ese cambio de vocabulario es decisivo para comprender la modernidad política. El pobre deja de ser sujeto de justicia; pasa a ser problema de administración. El indígena deja de ser miembro de una comunidad histórica; pasa a ser obstáculo del progreso. El campesino deja de ser vecino; pasa a ser masa disponible para el miedo, la revolución o la represión. La palabra “higiene” puede parecer benéfica, pero aplicada a poblaciones enteras se vuelve siniestra: sugiere que hay cuerpos sociales que deben ser limpiados.

En esta línea se entiende el núcleo de la entrada: 1932 no puede examinarse solo por su cronología militar. Debe examinarse por su laboratorio verbal. ¿Qué palabras circularon antes y después de la matanza? ¿Quién las publicó? ¿Qué autoridades las permitieron? ¿Qué lectores fueron formados por ellas? ¿Qué parte del dolor campesino fue ocultado bajo la etiqueta de amenaza comunista?

La diferencia católica: condenar el comunismo sin negar la persona

Conviene distinguir con rigor. La Iglesia católica condenó el comunismo ateo y materialista. Pero esa condena no pertenece a la misma familia intelectual que el racialismo o la eugenesia. La doctrina social católica no niega la dignidad del pobre; al contrario, exige justicia en el salario, responsabilidad moral de propietarios y gobernantes, y protección de quienes quedan aplastados por una economía injusta.

En 1931, Pío XI publicó Quadragesimo anno, encíclica que no puede ser usada como defensa ciega del capitalismo. Allí la Iglesia mantiene su rechazo al socialismo incompatible con la fe, pero también denuncia desórdenes económicos, concentración de poder y abusos contra los trabajadores. Esa doble línea impide reducir el catolicismo a propaganda de élites.

La diferencia antropológica es radical. Para la Iglesia, el hombre puede ser pecador, equivocado, comunista, rebelde o enemigo político, pero no deja de ser criatura de Dios. Para el biologismo moderno, en cambio, ciertos hombres pueden ser clasificados como amenaza inferior. La primera mirada permite corregir, juzgar y llamar a la conversión sin negar la dignidad ontológica. La segunda abre la puerta a tratar al otro como material defectuoso.

Monseñor Belloso y la cuestión social

Monseñor José Alfonso Belloso y Sánchez debe situarse dentro de esta tensión. Su anticomunismo fue real, pero no agota su pensamiento. René Chanta Martínez, en su estudio sobre el pensamiento social cristiano de Monseñor Belloso, permite recuperar un aspecto esencial: la preocupación católica por la cuestión social, el salario agrícola y la responsabilidad moral frente a la injusticia.

El problema histórico no consiste en negar que la Iglesia combatiera el comunismo. Lo combatió. La pregunta más fina es otra: ¿qué parte de ese mensaje fue amplificada por la prensa general y qué parte fue silenciada? Si se reprodujo la condena del comunismo, pero se ocultó la crítica católica a los abusos sociales, entonces la memoria quedó deformada desde el origen. Belloso no debe ser convertido ni en santo automático ni en cómplice por consigna. Debe ser leído en sus textos, en su contexto y en la recepción de sus palabras.

Esta distinción es indispensable para el proyecto completo. La modernidad anticatólica suele presentar a la Iglesia como simple defensora del orden antiguo, mientras oculta que la doctrina social católica denuncia simultáneamente el materialismo revolucionario y la injusticia económica. Esa doble denuncia resulta incómoda para todos los bandos: para el liberalismo oligárquico, porque le exige justicia; para el comunismo, porque le niega el derecho a redimir al hombre contra Dios; para el Estado militar, porque le prohíbe convertir el orden en exterminio.

La prensa como laboratorio de memoria

La prensa no solo informa lo ocurrido: decide qué forma tendrá el recuerdo. Si los muertos son narrados como amenaza, la compasión se debilita. Si el campesino indígena aparece solo como comunista, desaparecen la cofradía, la tierra, el salario, la parroquia, la familia y la historia local. Si la matanza aparece como pacificación, el Estado queda absuelto antes de ser juzgado.

Por eso el archivo periodístico de 1932 debe revisarse como fuente de primera importancia. No basta citar retrospectivamente. Hay que revisar series completas de periódicos, identificar directores, propietarios, censores, columnistas, fuentes internacionales y vínculos políticos. Es necesario comparar El Día con Patria, Diario Latino, La Prensa y el Diario Oficial, además de pastorales, documentos militares, correspondencia diplomática y registros locales.

El Archivo Digital del Diario Oficial de la Imprenta Nacional ofrece una vía de consulta para reconstruir el discurso estatal y normativo del periodo, aunque la investigación exige todavía revisar hemerotecas físicas, archivos eclesiásticos y colecciones privadas. La entrada queda así como una invitación al trabajo documental: archivo primero, sentencia después.

1932 dentro de una historia mayor

El caso salvadoreño no debe quedar aislado. En la Vendée francesa, en el México cristero, en el sur italiano posterior a la unificación, en la Rusia revolucionaria y en la España anticlerical aparecen formas distintas de una misma tentación: declarar que un pueblo concreto estorba al futuro. El campesino católico, el cristero, el indígena cofrade, el sacerdote fiel, el monárquico tradicional o el creyente común pueden ser transformados en obstáculos del progreso.

Ese es el sentido del proyecto La pedagogía del exterminio. No se trata de afirmar mecánicamente que todos los procesos son idénticos. Se trata de estudiar una gramática común: primero se despoja al pueblo de legitimidad moral; luego se le asigna una etiqueta degradante; después se justifica su disciplina o eliminación; finalmente se disputa la memoria para que el vencido no pueda hablar con su propia voz.

En El Salvador, la palabra “subhombre” condensa esa operación. No explica todo 1932, pero ilumina una zona oscura: el modo en que una cultura letrada pudo recibir, reproducir o tolerar un lenguaje que degradaba al campesino indígena en el momento mismo en que ese pueblo estaba siendo vencido.

Lo probado, lo probable y lo pendiente

Lo probado es que en febrero de 1932 circuló en El Día el lenguaje de “La amenaza del sub-hombre” asociado a Lothrop Stoddard, según el facsímil reproducido por La Prensa Gráfica; que ese vocabulario pertenece a una constelación intelectual biologista, eugenésica y jerarquizante; y que la prensa salvadoreña participó en la formación pública del relato sobre el levantamiento campesino-indígena.

Lo probable es que ese lenguaje no solo reflejara el miedo de sectores urbanos y élites, sino que ayudara a legitimar retrospectivamente la violencia extrema contra comunidades indígenas y campesinas. También es probable que parte de la recepción pública separara el anticomunismo católico de su contexto de doctrina social, dejando visible la condena del comunismo y menos visible la crítica a la injusticia agraria.

Lo pendiente es localizar y revisar los ejemplares completos de El Día, Patria, Diario Latino, La Prensa y el Diario Oficial entre diciembre de 1931 y febrero de 1932; identificar propietarios, directores, censores, anunciantes y vínculos políticos; y comparar esa prensa con pastorales completas, archivos eclesiásticos, expedientes militares, documentación municipal y correspondencia diplomática.

Una advertencia necesaria

La investigación histórica exige prudencia documental. No todo indicio prueba dirección secreta; no toda coincidencia demuestra conspiración; no todo silencio equivale a complicidad. Pero tampoco puede negarse que las palabras preparan los actos. Cuando una prensa culta, moderna y aparentemente civilizada llama “subhombre” al vencido, está ofreciendo algo más que una opinión: está enseñando a mirar al otro como descartable.

Ese es el punto decisivo. La matanza de 1932 no comenzó únicamente con fusiles. También comenzó con categorías. Antes de matar cuerpos, una cultura aprende a degradar nombres, rostros y memorias. Por eso volver a la prensa de la época no es un ejercicio erudito: es una obligación moral. El cristianismo no permite olvidar que donde el poder ve masa, la fe sigue viendo persona; y donde la propaganda ve residuo humano, el Evangelio sigue reconociendo un alma llamada a la verdad, la justicia y la redención.

Fuentes primarias y directas

  • El Día, segunda sección, San Salvador, martes 2 de febrero de 1932, “La amenaza del sub-hombre”, por Lothrop Stoddard. Facsímil reproducido por La Prensa Gráfica en la nota de Carlos Flores Manzano. Ver reproducción.
  • Pío XI. Quadragesimo anno, 1931.
  • Imprenta Nacional de El Salvador. Archivo Digital del Diario Oficial.
  • Pastorales de Monseñor José Alfonso Belloso y Sánchez sobre cuestión social, salario agrícola y comunismo: fuente primaria pendiente de cotejo integral en archivo eclesiástico y hemeroteca.

Fuentes secundarias

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