Serie «Al este del Edén: crítica desde el cristianismo». Entrada VIII.

Familia, autoridad y rebelión en el cine de los años cincuenta

En 1955 ocurrieron dos hechos culturalmente contrapuestos. James Dean encarnó en Al este del Edén y Rebelde sin causa al hijo herido que juzga a su padre. Ese mismo año, Pío XII advirtió que el cine podía propagar la ironía y el escepticismo contra la familia y menospreciar la dignidad de los padres.

No fue una coincidencia menor. Era el momento en que la figura paterna comenzaba a desplazarse desde el centro de la autoridad familiar hasta el banquillo de los acusados.

Pero conviene formular correctamente el problema. La tradición cristiana nunca declaró infalible al padre ni convirtió la obediencia filial en sometimiento al abuso. El padre también está sometido a Dios, a la ley moral y a sus deberes hacia la esposa y los hijos. Una autoridad sin amor, justicia ni sacrificio ya ha comenzado a traicionar su propia naturaleza.

El cambio cultural decisivo no consistió en denunciar padres concretos que actuaban mal. Esa denuncia podía ser justa. Consistió en convertir progresivamente la insuficiencia de algunos padres en sospecha contra la paternidad, la autoridad y el orden recibido.

El padre dejó de ser juzgado conforme a una verdad superior compartida por padres e hijos. Comenzó a ser juzgado desde la herida subjetiva del hijo.

Silla paterna vacía en un hogar oscuro, símbolo de ausencia y abdicación de la autoridad.
Ilustración editorial original para «El padre bajo sospecha».

Una crisis real convertida en mercado

La preocupación por la juventud no fue inventada por Hollywood. El informe oficial del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de Estados Unidos correspondiente a 1955 registró el sexto aumento anual consecutivo de casos presentados ante tribunales juveniles. Calculó que aproximadamente 475 000 menores habían llegado ante esos tribunales durante 1954 y describió la enorme atención pública, legislativa y periodística dedicada al problema. Informe oficial de 1955.

Existían delincuencia, abandono, desarraigo familiar y conflictos generacionales. Pero también existía un mercado dispuesto a convertirlos en espectáculo.

El expediente del American Film Institute revela que, a comienzos de los cincuenta, las películas de bajo presupuesto sobre rebeldía juvenil ya encontraban público. The Wild One y Blackboard Jungle habían demostrado la viabilidad comercial del tema. Nicholas Ray decidió alejar Rebelde sin causa de la interpretación que confinaba la delincuencia a las clases pobres y concentrarse en la soledad de adolescentes pertenecientes a familias económicamente acomodadas. Historia de producción de Rebelde sin causa.

La modificación fue antropológicamente importante. El rebelde ya no era solamente el joven marginal formado en ambientes criminales. Podía ser el hijo de cualquier familia aparentemente normal.

La rebeldía dejó de aparecer como excepción social y comenzó a presentarse como condición universal de la juventud moderna.

La autoridad cristiana no es despotismo

Desde la antropología cristiana, la familia no es una asociación accidental de individuos autónomos. Es una comunidad natural fundada en el amor, abierta a la vida y anterior al Estado. Padres e hijos poseen la misma dignidad personal, pero no desempeñan funciones intercambiables.

El cuarto mandamiento exige a los hijos respeto y gratitud, pero impone igualmente a los padres responsabilidades de educación, protección y testimonio. La autoridad paterna no procede de la fuerza física ni de una pretendida superioridad absoluta del adulto. Es una responsabilidad recibida para servir al bien de quienes le han sido confiados. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, preguntas 455-462.

Por eso el cristianismo puede juzgar con severidad al padre injusto, ausente, violento o moralmente cobarde. Lo juzga precisamente porque existe una verdad objetiva acerca de lo que significa ser padre.

La revolución antropológica comienza cuando se elimina ese modelo común y sólo permanecen dos voluntades enfrentadas: la del adulto que pretende imponer y la del joven que exige autodeterminarse.

En ese escenario, la autoridad ya no puede ser corregida: únicamente puede ser desacreditada, negociada o derribada.

Adam Trask: la verdad sin misericordia

En Al este del Edén, Adam Trask pretende organizar su familia de acuerdo con principios bíblicos. Sus hijos llevan nombres tomados de Caín y Abel. Habla de rectitud, condena las ganancias obtenidas mediante la guerra e intenta preservar una imagen moral de su esposa ausente.

Pero su religiosidad se ha endurecido. Adam distingue fácilmente entre lo correcto y lo incorrecto, pero no consigue mirar el corazón de Cal. Prefiere manifiestamente a Aron, desconfía del hijo inquieto y rechaza el dinero con el cual Cal pretendía compensar su fracaso comercial.

El resumen conservado por el American Film Institute destaca que Adam critica constantemente a Cal y no reconoce su trabajo ni su inventiva. El hijo interpreta esa desaprobación como confirmación de una condena más profunda: cree haber heredado la maldad de su madre.

Adam no es presentado como un tirano brutal. Su fracaso es más sutil y, por eso, más eficaz cinematográficamente. Posee principios, pero carece de comprensión; conserva el lenguaje bíblico, pero no sabe comunicar misericordia; quiere formar moralmente, pero convierte la formación en preferencia y distancia.

La verdad pronunciada sin amor puede convertirse en una caricatura de la verdad.

La película formula una acusación que el cristianismo debe aceptar. El problema aparece cuando el espectador confunde la insuficiencia del testigo con la falsedad de aquello que debería testimoniar. Adam fracasa como padre cristiano; de ese fracaso no se sigue que la paternidad, la norma moral o la religión sean causas de la herida.

El desenlace lo confirma. Al este del Edén no propone destruir al padre, sino reconciliarlo con el hijo. Adam finalmente acepta la cercanía de Cal. La autoridad no desaparece: comienza dolorosamente a convertirse en paternidad.

Jim Stark: un hijo que exige firmeza

En Rebelde sin causa, el deterioro es más avanzado. Jim Stark no se enfrenta a un padre autoritario. Se enfrenta a un padre incapaz de ejercer autoridad.

Frank Stark desea ser comprensivo, pero confunde comprensión con evasión. Intenta apaciguar todos los conflictos, se deja arrastrar por las discusiones familiares y no consigue ofrecer una respuesta clara cuando Jim necesita decidir si debe asumir la responsabilidad por la muerte ocurrida durante la carrera de automóviles.

Jim no pide que su padre desaparezca. Le pide que se mantenga en pie.

Esta distinción es fundamental. La película todavía no proclama la abolición de la autoridad paterna. Presenta la tragedia de un joven que necesita desesperadamente una autoridad y sólo encuentra vacilación.

El expediente del American Film Institute permite reconocer tres formas distintas de fracaso paterno:

  • el padre de Judy retira su afecto cuando la hija entra en la adolescencia;
  • el padre de Plato ha abandonado definitivamente el hogar;
  • el padre de Jim permanece físicamente presente, pero no logra orientar ni sostener.

No son tres hijos que hayan superado la necesidad de un padre. Son tres jóvenes heridos de diferente manera por la ausencia, el rechazo o la debilidad paterna.

La fortaleza de las mujeres de la familia Stark no es la causa automática de esa debilidad. Frank es responsable de su propia abdicación. Convertir el drama en acusación contra la mujer fuerte repetiría otro reduccionismo ajeno a la antropología cristiana, en la cual el padre y la madre poseen igual dignidad y responsabilidades complementarias.

La familia construida por los hijos

En la mansión abandonada, Jim, Judy y Plato representan una familia improvisada. Jim adopta el lugar del padre; Judy, el de la madre; Plato, el del hijo. Juegan a fundar el hogar que los adultos no consiguieron ofrecerles.

La escena contiene una verdad profundamente conservadora: incluso cuando los jóvenes rechazan a sus familias concretas, continúan buscando una estructura familiar.

No han dejado de necesitar paternidad, maternidad, pertenencia y hogar. Intentan reconstruirlos sin tradición, sin compromiso estable y sin un orden superior capaz de sostenerlos.

La familia sustitutiva fracasa porque está formada por adolescentes que se aman y protegen, pero no poseen todavía los recursos morales, afectivos ni institucionales para salvarse entre sí. La muerte de Plato destruye la ilusión.

Al final, Frank Stark promete acompañar a su hijo y mostrarse más fuerte. El resumen del AFI conserva expresamente ese intento de restauración. Por ello sería inexacto describir la película como un manifiesto contra la familia.

Sin embargo, la cultura popular no conservó principalmente esa reconciliación. Conservó la chaqueta roja, el rostro atormentado de James Dean y la superioridad moral del joven incomprendido.

La película pedía restaurar al padre; el mercado descubrió que resultaba más rentable eternizar al rebelde.

El desplazamiento del centro moral

En la antropología cristiana, padres e hijos son juzgados por una verdad que ninguno de ellos fabrica. El padre puede equivocarse; el hijo también. La autoridad debe ser justa y la libertad debe orientarse hacia el bien.

En la nueva gramática cinematográfica, la herida del joven comienza a concederle una posición moral privilegiada. Quien sufre parece comprender mejor; quien representa la norma aparece obligado a justificarse.

Antropología cristianaSensibilidad emergente
La autoridad está sometida a Dios y a la ley moralLa autoridad debe legitimarse ante la experiencia subjetiva
El padre transmite una herencia que también lo juzgaEl padre encarna el mundo heredado sometido al juicio del hijo
La libertad incluye dominio de sí y responsabilidadLa libertad se identifica crecientemente con autenticidad
La herida necesita verdad, justicia, amor y graciaLa herida se convierte en criterio interpretativo principal
La reconciliación exige conversión de padres e hijosLa reconciliación se concentra en reconocimiento emocional
La familia precede al individuo y al EstadoLa familia aparece como contrato revisable entre individuos

El cambio contiene una corrección legítima. No basta engendrar biológicamente para ser un buen padre. La autoridad que no escucha puede volverse autoritarismo; la norma sin misericordia puede convertirse en hipocresía.

Pero una verdad parcial se convierte en instrumento de demolición cuando se absolutiza. Del hecho de que algunos padres hayan abusado de la autoridad no se deduce que toda autoridad sea abuso. Del hecho de que algunas tradiciones hayan transmitido injusticias no se deduce que toda tradición sea opresión.

Pío XII vio venir la disputa

En octubre de 1955, prácticamente al mismo tiempo que Rebelde sin causa llegaba a las salas, Pío XII planteó una pregunta extraordinariamente precisa: ¿hasta qué punto ciertas películas estaban difundiendo el escepticismo contra la familia y hasta qué punto sólo explotaban comercialmente una actitud ya existente?

No respondió mediante una teoría conspirativa. Reconoció una relación dinámica entre industria y sociedad: el cine podía reflejar una crisis real, satisfacer una demanda, amplificarla y devolverla convertida en modelo de conducta.

Pío XII lamentó que algunas películas arrojaran desprecio sobre la dignidad de esposos y padres. Frente a ello propuso representar al padre como hombre de carácter, fiel, sacrificado y solícito; no como déspota doméstico ni como proveedor sin vida espiritual. El film ideal, segunda parte.

Su propuesta no consistía en ocultar el pecado dentro de la familia. En el mismo discurso admitió que el cine podía y debía representar el mal, la culpa y la corrupción, siempre que no los glorificara y ayudara al espectador a comprender mejor al hombre.

Pío XII no pedía propaganda edulcorada. Pedía una cinematografía capaz de mostrar el drama sin convertir la enfermedad en ideal y la herida en identidad definitiva.

¿Quién educa cuando el padre abdica?

La desaparición de la autoridad paterna no deja al joven en un espacio neutral. El lugar abandonado es ocupado inmediatamente por otras fuerzas:

  • el grupo de compañeros;
  • el terapeuta o consejero profesional;
  • la escuela;
  • el Estado;
  • la estrella cinematográfica;
  • la publicidad;
  • el mercado;
  • y, más tarde, la organización política.

En Rebelde sin causa, el consejero juvenil Ray Framek es uno de los pocos adultos capaces de escuchar. Su presencia puede ser beneficiosa. El problema comienza cuando la ayuda profesional deja de complementar a la familia y pasa a sustituirla como intérprete superior de la vida del joven.

Cuando el padre deja de transmitir una visión del mundo, el hijo no queda libre de toda formación. Queda disponible para ser formado por poderes más lejanos, impersonales y difíciles de juzgar.

El mercado no libera al joven de toda autoridad: desacredita las autoridades que no controla y después le vende nuevas identidades.

La chaqueta, el automóvil, la música, el peinado y la estrella rebelde proporcionan pertenencia. La industria ofrece símbolos de emancipación producidos en serie. El joven aprende a desafiar a su padre mediante una identidad diseñada por adultos que no conoce y empresas que sólo lo reconocen como consumidor.

De la denuncia justa a la sospecha universal

No podemos afirmar que Nicholas Ray, Elia Kazan, Warner Bros. o James Dean ejecutaran conscientemente un plan coordinado para destruir la familia cristiana. La documentación examinada no lo demuestra.

Lo que sí puede demostrarse es una convergencia cultural e industrial:

  1. existía una crisis juvenil real;
  2. la psicología ofrecía un nuevo vocabulario para interpretarla;
  3. el cine trasladó el centro narrativo hacia la conciencia herida del hijo;
  4. la rebeldía juvenil demostró ser comercialmente rentable;
  5. la imagen del rebelde circuló con mayor fuerza que los desenlaces reconciliadores;
  6. la cultura posterior convirtió la crítica del padre defectuoso en sospecha frente a toda autoridad.

La industria no necesitaba ordenar expresamente la destrucción de la paternidad. Bastaba con repetir durante décadas una gramática en la cual el padre representaba la rigidez, la incomprensión o la ausencia, mientras el hijo rebelde representaba autenticidad, vitalidad y futuro.

Veredicto

Al este del Edén y Rebelde sin causa no son películas simplemente anticristianas. Ambas contienen una súplica por la reconciliación. Cal necesita que Adam aprenda a amarlo. Jim necesita que Frank se convierta finalmente en padre.

Pero también marcan una inversión decisiva. El relato comienza a contemplarse desde el hijo que juzga, no desde una verdad común que juzga a padres e hijos.

La crisis de la paternidad era real y debía ser denunciada. El error posterior consistió en concluir que, como algunos padres no fueron dignos de obediencia, ninguna autoridad podía ser digna de ella.

La rebeldía de 1955 todavía pedía un padre verdadero. La revolución cultural posterior le respondería que la madurez consistía en no tener padre alguno.

Ahí comenzó la ruptura: no cuando el hijo denunció con razón los pecados del padre, sino cuando dejó de creer que la paternidad pudiera ser restaurada.

El siguiente paso será distinguir entre la rebelión que defiende a la persona y la revolución que convierte el resentimiento en licencia para matar. Esa distinción nos conduce directamente a Albert Camus.

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