SIN TRABAJO — Entrada 6 de 16
En El Salvador, tener alguna ocupación no garantiza contrato, seguridad social, estabilidad ni ingreso suficiente. La informalidad no vuelve indigno al trabajador; revela una economía que recibe su esfuerzo sin ofrecerle protección proporcional.
La ocupación no basta
Los datos de la EHPM 2024 registraron 2,881,081 personas ocupadas y 140,622 desocupadas, dentro de una fuerza laboral de 3,021,703 personas. Al dividir la población desocupada entre la fuerza laboral se obtiene una tasa abierta de desempleo de aproximadamente 4.65 %. Se trata de un cálculo derivado de los niveles publicados, no de una tasa de desempleo profesional. La cifra permite saber quién trabaja y quién busca trabajo sin encontrarlo; no permite determinar, por sí sola, si el empleo ofrece ingreso suficiente, estabilidad o protección social.
El perfil armonizado de ILOSTAT registra para 2024 una informalidad laboral de 59.7 % y una proporción de empleo temporal de 33.5 %. Estas mediciones internacionales no son directamente intercambiables con cualquier tabulación nacional y se refieren al conjunto de trabajadores, no específicamente a universitarios. Aun así, describen el terreno al que ingresan técnicos y profesionales: un mercado donde la ocupación sin plena protección alcanza una magnitud estructural.
La informalidad reúne situaciones diferentes. Incluye comercio ambulante, autoempleo, microempresas, trabajo familiar y servicios profesionales sin cobertura. No todas son equivalentes ni todas resultan de explotación directa. Muchas representan creatividad y resistencia ante la ausencia de oportunidades. Pero esa admiración no debe romantizar la vulnerabilidad.
El profesional que desaparece dentro del promedio
Una abogada que vende productos, un ingeniero que conduce para una plataforma o una licenciada que presta servicios sin contrato aparecen como ocupados. Sus actividades son honestas. El problema es que la estadística general no informa si el país está usando su formación ni si sus ingresos justifican los años y recursos invertidos.
El Salvador no publica una tasa nacional de informalidad por carrera, ni salarios de entrada comparables por profesión, ni correspondencia sistemática entre título y ocupación. Por eso no es posible afirmar cuántos profesionales trabajan en informalidad. La falta de datos es parte del problema: una sociedad no puede corregir lo que no decide mirar.
La pobreza laboral tiene efectos familiares
En este artículo, la expresión “pobreza laboral” se utiliza en sentido analítico para describir el trabajo que no permite seguridad material suficiente; no se presenta como una tasa oficial específica. El empleo inestable dificulta alquilar o comprar vivienda, formar un hogar, cotizar para la vejez, atender una enfermedad y planificar hijos. El ingreso variable obliga a posponer decisiones y convierte cada emergencia en deuda.
También erosiona la vida cívica. Quien trabaja jornadas extensas para sobrevivir dispone de menos tiempo para estudiar, participar, cuidar vínculos o ejercer ciudadanía. La precariedad no sólo reduce consumo; reduce libertad práctica.
Formalizar no es perseguir al pequeño
La respuesta equivocada consiste en castigar al trabajador informal con trámites y multas que no puede pagar. La formalización debe ofrecer un intercambio real: procesos simples, costos graduales, crédito, protección social portable, capacitación pertinente y acceso a mercados.
Para los profesionales independientes se necesitan mecanismos de cotización flexibles, contratos modelo, facturación sencilla y protección frente a pagos tardíos. Para las microempresas, la transición debe acompañarse con productividad, no limitarse a nuevas obligaciones.
Una economía formal no es aquella que produce más formularios. Es aquella en la que cumplir la ley resulta posible y beneficioso.
Trabajo digno, no desprecio por el oficio
La doctrina cristiana impide mirar con superioridad al vendedor, agricultor, conductor o trabajador manual. Todo trabajo honesto posee dignidad porque su sujeto es una persona. Pero la misma doctrina exige que la organización económica sirva al trabajador y a su familia.
Laborem exercens enseña que el trabajo está “en función del hombre” y no el hombre en función del trabajo. Magnifica humanitas advierte que la precariedad golpea con especial fuerza a jóvenes, familias y economías locales.
Por eso, reconocer la nobleza de sobrevivir no obliga a aceptar la supervivencia como horizonte nacional. El esfuerzo merece algo más que la posibilidad de llegar al día siguiente.
Fuentes primarias y estadísticas
- BCR: Cartelera Electrónica del FMI
- ONEC–BCR: Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples
- ILOSTAT: perfil laboral de El Salvador
- MTPS–SIMEL: Índice de Calidad del Empleo
Fuentes doctrinales
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