Para construir un país necesitamos eficiencia.
Una palabra que puede significar mucho o nada, pero por desgracia, demasiado abstracta y sujeta a la manipulación ideológica.
Para lograr el éxito en cualquier empresa, tenemos que pasar de la palabra abstracta al hecho concreto. Es entonces cuando damos el gran salto de la teoría a la praxis, y la convivencia humana se torna armónica, aun en medio de las diferencias que siempre existirán hasta el fin de los siglos. Y esto no es malo, sino necesario para el avance de los pueblos.
Pero hay dos cosas que se precisan para vivir, y de manera radical son: el aire y el agua. Me referiré en este momento solo a la segunda, porque tratar ambas resultaría inabarcable en una nota tan breve.
En El Salvador nunca hubo una crisis de agua tan peligrosa como la que actualmente vivimos, y sin mencionar que en general no es apta para el consumo humano, aunque se venda como potable. La población ha percibido este problema desde hace más de tres décadas, y por eso el gran capital se ha lucrado, inventando marcas que son comercializadas como libres de impurezas.
Esto último es un dato que hay que resaltar, porque el crimen organizado, desde hace casi 2 décadas, reconoció este rubro como muy lucrativo, y ha optado por piratear estas marcas con contenidos nada limpios. Basta con realizar muestreos de estas supuestas aguas limpias que se venden como panaceas de la salud, para constatar la alta cantidad de material contaminante. Y si no, preguntemos a la Vox populi si estoy o no en lo correcto. Asunto que está pendiente de investigarse de manera pública.
De aquí procede mucho de la epidemia de insuficiencia renal que casi ha colapsado los centros de salud del país, y por supuesto ha propiciado el aparecimiento de centros privados que también se lucran con este flagelo que no respeta a nadie. La contaminación tiene principalmente dos vertientes: la que corresponde a material fecal, y la otra vinculada a compuestos químicos, muchos de ellos altamente cancerígenos y nefrotóxicos.
Un problema tan grave, y que la población no parece dimensionar, pues al parecer siempre lo hemos confiado a los políticos. Seguramente olvidando que este asunto no es de política partidaria, sino de sobrevivencia.
A lo anterior ha de agregarse que, desde hace un par de años, el suministro de este vital líquido se ha escaseado, a tal punto que hay zonas en la ciudad capital que tienen que comprar su agua a precio de diamante.
Mientras tanto, los recibos por esta “agua abstracta” llegan con la puntualidad de un reloj suizo. Lo anterior descrito, y motivo del presente escrito, es que este escaseamiento ha cobrado un repunte colosal en los últimos meses. Casi llegando a dudar si, al final, una institución tan respetable como ANDA tiene razón de existir, pues no están cumpliendo su misión en el aparato de Estado.
Toda una cadena de eventos que al final, para las poblaciones que carecen de esta cultura sanitaria básica, o de los recursos para procurarse filtros de alta tecnología o comprar agua privada, representa un empobrecimiento aún mayor; y el acortamiento de sus vidas, a resultas del incremento de todas las variables insalubres relacionadas con este hecho. Y ahora aún más, con la errática o casi total falta de este vital suministro. Pues al menos para aquellos que saben cómo esterilizar su agua contaminada, ahora ya no pueden lavar con aquella agua hoy invisible, ni sus cuerpos ni sus vestidos.
Una grave crisis, sin duda; un problema que demanda pericia y prontitud de manera urgente, pues sin agua, lo que viene es la extinción de todo un país. No queremos seguir escuchando, mucho menos leyendo, excusas del por qué no hay agua.
Porque tener agua es un derecho humano fundamental, que exigimos a nuestro actual gobierno, que hoy celebra las fiestas patrias, al cual instamos para que resuelva con “eficiencia concreta” y la misma energía con la cual llegaron al poder.
San Salvador, 15 de septiembre del 2017.