El Salvador ː Izquierda o derecha. Elecciones presidenciales 9 de marzo 2014. Parte 2.

A los bandos en disputa difícilmente podríamos despojarles sus virtudes, lo cual ni sería justo, mucho menos conveniente; de sus defectos cada quien es más que juez, testigo. Pero tampoco es sano elegir de manera apresurada, entre las soluciones planteadas por cualquiera de ellos, más aún dentro de un contexto de violencia desbordada, pobreza galopante, e inestabilidad jurídica y política graves. Estas presiones siempre funcionaran como un importante distractor, en el momento de ejercer el sufragio, y con facilidad se inclinaran hacia una elección sospechosa, o en el peor de los casos, equivocada. Difícilmente podríamos hablar de un proceso eleccionario ejercido libremente, pues en este escenario, la coacción y persecución adquieren formas sofisticadas, donde es preciso mostrar a los antiguos presidentes del poder anterior, como los nuevos bufones para escarnio de sus grupos, pero principalmente para el solaz de las masas que buscando novedad, agradecerán gustosas este apetitoso bocadillo. CUIDADO, y no caigamos en el circo de épocas pasadas, y primero veamos las manos de todo aquel que se atreve a acusar, con o sin razón…midamos primero la sangre que pesa en nuestras manos – ninguna muerte puede ser justificada, porque este es un criterio metafísico que muy pocos pueden justificar –, y atrevámonos a crucificar a los culpables…seguramente así traeremos al país más justicia, pero también más guerra y muerte. Por esto existieron los Acuerdos de Paz en 1992, con el fin de concluir un conflicto donde ambos bandos adujeron tener la razón a la hora de masacrarse, pero que estuvieron en el acuerdo de abandonar las armas, y entrar al proceso democrático. Los ecos de aquella época parecen hoy encontrar oídos sordos, y esto es peligroso porque al repetir los errores del pasado, la circularidad de la violencia es una consecuencia inevitable. Por ello, habría que preguntarse si el leitmotiv del poder actual, es promover la justicia; más aún, cuando el poder de la propaganda se encuentra saturado de manera persistente y machacona, con los casi ilimitados recursos de hábiles psicólogos de masas, cuyo trabajo es el de garantizar la compra de un producto – voto –, pero NUNCA EDUCAR.

Con mucha razón, esto se podría achacar a ambos bandos, pero hay que saber discernir hacia donde nos empuja uno u otro. Por eso es necesario atrevernos a opinar con libertad, y desde el termómetro de intereses colectivos, y no desde egoísmos personales o de grupos, sean estos económicos o políticos, de derecha o de izquierda. Seamos honestos primero con nosotros mismos, y materialicemos el pensamiento en dichos y hechos, evaluemos con imparcialidad «…al Cesar lo que es del Cesar».

Hagámonos la pregunta desde el siglo XXI, y teniendo como horizonte la utopía de la modernidad, si uno u otro de los contendientes, podrá ser capaz de garantizar en el tiempo, la seguridad material y jurídica de lo que aún sin ser un sistema perfecto, es donde se encuentra el capital material y simbólico con el que hemos construido El Salvador. Esta es nuestra herencia, buena o mala, no la podemos desechar de un plumazo, pero podemos mejorarla, y esto es tarea de todos.

Reivindicar a los desvalidos jamás será un yerro, sino una obligación de un Estado moderno, sin embargo al observar la volubilidad con la que se manejan muchos políticos en el país, mueve a dudas, si estos logros alcanzaran a convertirse en la semilla de un cambio que eche raíces tan profundas como buenas, no solo en este periodo preeleccionario, sino en la historia futura. Donde no queremos idealistas desfasados, ni embaucadores veleta, sino recios luchadores no solo en el arte de la guerra o la política, sino en el de la ciencia, el derecho, la economía, la religión, el arte, etc.

 

 

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