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¡Anímate!


Se perdió un combate, pero no la guerra…
tan sólo se ha vivido un instante, lo mejor espera.
Será tomado, ¡arrebatado el triunfo, al blandir la espada!
¡No irás por una, sino por mil estrellas!
Un combate dura un segundo… la guerra, una vida.
Por eso, alistemos las armas, que el triunfo espera
a quién se atrevió un día,
a romper los muros del temor, y a surcar en medio de la noche, el inmenso mar de la duda.
Porque esa luz, que un día Dios te entregó por vida,
lo hizo pensando en que tú serías rey vencedor, no esclavo.
Y ahora que se escucha el fragor del combate,
¡alégrate!, toma el escudo, y haz brillar con valor la espada;
para rescatar así, el tesoro, que tienes ya por corazón,
en esa alma sagrada, que ya es triunfadora,
aquí y en la otra vida.

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