El dinero: el dios moderno.

El dinero es importante, pero ha llegado a convertirse tristemente en el motor del mundo actual… ¿Qué tan lejos llegaremos con esta sangre muerta que seca el alma y el corazón, cuando sólo vemos en su venenoso embrujo el único motivo para vivir y morir?
Porque con esta mortaja de oro se cubrió de luto el mundo… ¡Sí!, fue por un puñado de monedas de plata que Judas vendió al Mesías; y por un puñado de aquellas monedas, ya manchadas con sangre, que hoy vendemos la dignidad y desafiamos a Dios.
Los pobres de hoy, los mismos de ayer… unos muriendo por falta de pan, y otros hartados, pero viviendo en medio de tinieblas; insatisfechos y desgraciados, que han creído buscar a Dios merced a esa sospechosa beneficencia y caridad, donde encontraron a ese ídolo de muerte que llevan por corazón. Ante él se postran a diario y organizan las guerras para honrarlo en el altar de la injusticia y la opresión.
Porque marchando van los pueblos de la tierra, errabundos y sufrientes, clamando a Dios por el pan de la vida digna; en medio de guerras e intrigas organizadas y defendidas por los herederos de una antigua religión, donde la infamia y la codicia son los pecados que la adornan… De acuerdo: será el dinero su dios, hecho a su imagen y semejanza. En esto no hay más dudas: ya cada quien escogió su camino y bando; la guerra comenzó no sólo en la tierra, que ya está en llamas, sino en el cielo. Desde donde vendrá, para aquellos desventurados abandonados del mundo, el maná, no sólo del cuerpo, sino del alma. Para no aceptar con temor el terror, y poder así romper las cadenas que imponen los ídolos del dinero y de la muerte.