El saber está marcado por un monopolio que responde no sólo al interés neutro de resolver la ignorancia, sino fundamentalmente a la construcción estratégica de una estructura que dé el soporte necesario a lo que en última instancia se constituye como poder. Que para su mantenimiento y consolidación se precisará no solamente de un aparato teórico, sino principalmente de una serie de dispositivos legitimados por el ordenamiento descrito, y a través de los cuales se garantice su perpetuación y reproductibilidad en el tiempo.
Que la estructura construida sea coherente con una lógica funcionalista no implica que la intencionalidad esté acorde con los principios de la ética. Dicho en otras palabras: la eficiencia en sí misma responde a un modelo de logicidad que en principio está divorciado de la justicia, la equidad y la solidaridad, dentro del cual hemos sido domesticados por el sistema de valores teóricos, divulgados por el saber oficial educativo y religioso.
Un ejemplo claro y dramático es el interés bancario, con sus políticas de embargo y acoso, no sólo al buscar imponernos nuevos préstamos, sino principalmente a la hora de hacer valer su derecho de posesión sobre aquellos bienes perdidos tal vez sólo por haberse atrasado unos cuantos meses en el pago de las cuotas. Otro no menos ilustrativo es el que se refiere a las aseguradoras en materia de salud, para quienes la vida siempre es la mercancía a cubrir, excepto cuando hay que hacer un uso efectivo de los servicios asegurados, donde habrá un ejército de leguleyos buscando cómo evadir cualquier desembolso, y evitarse así cumplir los servicios ofrecidos. Esta es una lista casi infinita de ejemplos de cómo funciona el mundo moderno, lo cual a simple vista no es en absoluto nada halagüeño. De aquí partimos para la fundamentación de una crítica del derecho como saber normativo, siempre y cuando este no responda al fundamento del que en teoría parte cualquier hecho humano; porque el fin del derecho como dominio del saber es satisfacer y garantizar la dinámica del cuerpo social en sus múltiples actividades, asegurando no sólo la vida, sino fundamentalmente su dignidad. Sin embargo, cuando a esto último se antepone el capital como norma o derrotero: la máxima ganancia y la ventaja jurídica, emanada del uso discrecional y amañado de códigos, Carta Magna, etc., cual prestidigitador en un juego de azar. A esto no lo llamaría un uso justo y sabio del saber jurídico, sino la fotografía luciferina donde se lucen la mentira, la avaricia y el odio. Al escuchar los discursos políticos preelectorales en El Salvador, y ver el despliegue publicitario multimillonario, acude a la reflexión primero el malestar, y luego la náusea; porque a simple vista sentimos el olor a podredumbre de los mismos sepulcros blanqueados, aprendices de actores, entrenados sólo para hablar con persuasión, sin más conocimiento que el interés egoísta y un desmedido afán de lucro. Esto no puede ser enfrentado más que con violencia, pero para matar el espíritu de la ignorancia que se extiende y multiplica en esos saberes que nos han domesticado para cumplir lo que dicen es un «derecho» al sufragio; que más bien parece la legitimación obligada para ratificar un estado de pobreza histórico. En este entorno, el paternalismo, la beneficencia y la caridad han sido usados con gran éxito y, como armas de opresión, permiten doblegar, merced a frases aprendidas y actitudes o ademanes bonachones, y persuadir a aquellos espíritus que admiten sin reflexión las apariencias como verdad… Grave error que llevó a otros pueblos a imponer la guillotina a la misma clase gobernante, y que no estamos lejos de que se pudiera repetir en otra época y lugar donde se violentaren los sagrados derechos a la vida y dignidad. Por lo anterior, es necesario establecer una crítica a estos saberes adscritos a la cosmovisión establecida; no para volvernos iconoclastas, sino por el simple hecho de evidenciar dónde el discurso teórico y la praxis exhiben una contradicción capaz de volverse el detonante de un cataclismo que anuncie el advenimiento de una nueva época.