I
Cuando cae la tarde y se acercan la noche y el silencio // surge el extraño encanto del sueño que viene lento o presuroso // quizás para robarnos la vida consciente // o tal vez para invitarnos a un viaje secreto, donde nadie sabe qué o quién le espera // porque entre las sombras del misterio de este raro e inevitable camino // quizás seamos testigos o protagonistas de esas luces cegadoras, de éxtasis inexpresables, y perdamos el deseo de volver a despertar // porque tal vez, en aquel inesperado y místico viaje, descubramos ese mundo, «el mundo», donde la hermosura y la belleza jamás terminarán.
II
Por esto no es pecado ni locura creer que en ese sueño que vivimos // hayamos encontrado una felicidad diferente, y quizás más auténtica // Por ello, tengo el presentimiento de que a nosotros, los seres humanos, y para no morir, se nos dio ese poder… el de soñar // pero no sólo al dormir, sino también al despertar // viendo pasar no los segundos, sino la vida.
III
Y si en verdad soñamos esos sueños hermosos… es posible que la vida sea en verdad eso // un viaje feliz hacia ese recinto escondido y callado // en el cual se esconde lo indefinible, aquello que sólo intuimos // pero que tal vez nunca veremos // hasta no regresar a ese sueño que nos volverá a la vida.