Conocimiento, poder y dominación en Latinoamérica.

El conocimiento es poder, pero también dominación; por tal razón, existe en el mundo actual un desigual acceso al mismo, lo que determinará, tarde o temprano, un nivel de injusticia y sufrimiento en quienes lo padecen. Lo anterior es comprobado históricamente, e incluye desde el más humilde artesano hasta relaciones entre naciones y continentes, donde unos acaparan y producen los instrumentos del conocimiento, mientras que otros solo consumen y padecen las consecuencias de haber sido privados de la capacidad de crear y disfrutar del bienestar que está implícito en el control de este proceso.

Por lo anterior, asistimos a una crisis profunda «no del conocimiento», sino del ser humano, porque es «él» quien articula y administra esta «fuerza = saber», que no puede tener alma por sí misma, ni mucho menos responsabilidad en el avance o retroceso de los pueblos. Lo anterior nos debe hacer replantear aspectos fundamentales, tales como el verdadero sentido de la existencia humana, así como su valor e irrepetibilidad. Porque sólo al reconocernos presos dentro de una cosmovisión errada seremos capaces de enfrentarla y cambiarla. Este reto tiene más urgencia desde conglomerados humanos especialmente castigados por modelos de dominación, marcados por una concepción materialista del mundo. Donde la relativización de la moral es solo un dato más de cómo la ciencia se ha convertido en la nueva religión, al administrar un poder que va más allá del bien y del mal. Pero con el importante y reprochable yerro de estar siempre a favor de sectores de población que ya han hecho de la ciencia su nuevo dios; y de que este tiene predilección exclusiva por quienes poseen y administran el conocimiento, pero como arma de control y dominación.

Perpetuar la ignorancia, la miseria y el hambre pareciera ser la receta predilecta para ejercer opresión en pueblos previamente catalogados como débiles, y no sólo por carecer de medios materiales, sino en razón de una pobreza esencialmente humana, aunque artificialmente inducida; donde los rasgos distintivos de lo biológico y lo espiritual sólo son la consecuencia lógica de las carencias históricamente construidas, que funcionan como las cadenas pesadas de una esclavitud moderna. Aquí, el conocimiento es ejercido, pero en función de un proyecto de deshumanización, donde la guerra y el exterminio serán sólo mecanismos para el control poblacional. Y los seres humanos, sólo números fríos que tienen que cuadrar en esta nueva y exitosa aritmética del poder y la dominación.