I
Me basta el silencio de la noche para recobrar la cordura, en esta profundidad donde reposa el huracán de un sueño // veo dos horizontes que marchan presurosos, // y en medio, una rosa que viste la primavera // ¿dónde rodó aquella lágrima del que amó demasiado? // ya su cuerpo inerte, cenizas que robó un cuervo triste… soñando la inmortalidad // regresemos en un tiempo divino a la eternidad // marchando felices hacia el fin // donde el viento del futuro nos arrastró para siempre // y nuestros temores… resurgirán sólo para morir // mira, piensa, ama… el cielo azul espera su corona // y en ella estás tú // rompiendo los cristales de un castillo lejano // donde suspira el alma cautiva // de un corazón que cabalgó desde el principio de los tiempos // buscando sin tregua ni sosiego // un lugar, «el lugar» // donde reposar para siempre.
II
Porque no habrá paz // la tierra se incendió // arderemos, y en este fuego resurgirá la pureza // una rosa en medio de dos horizontes // volará hasta un cielo azul y frío // como el eco feliz de un amor que perdió una vez la ruta // para reencontrarse en el mismo tibio y hermoso lugar // del cual un día que no recuerdo // partió, para no volver jamás.
III
Y la belleza hará resurgir la primavera // aunque en este cielo gris me preparo para el viaje // pero todo surge de nuevo, en el eco de un corazón que amó para siempre //
Este ambiente es extrañamente querido // ¿dónde está el perfume que exhaló la rosa? // porque aquella larga y profunda noche // mi corazón partió, aquel día // la noche fue eterna en este viaje que parece hoy tan corto… // vuelo presuroso, para perderme en un horizonte que exige la sinceridad suficiente // para morir con la luz fugaz de aquella estrella // y perderme en ese silencio santo y anónimo, que ya nada exige // y ver cómo la belleza… esa belleza que ya desafió y venció a la muerte // se convierte de nuevo en primavera.