Más que bestias: seres humanos oprimidos.

Tengo la profunda convicción de que el ser humano es bueno, pero ¿qué es lo que hace que cambie hasta convertirse en algo peor que una bestia?

No hay duda del efecto directo del ambiente en esta transformación, porque para el común de los mortales este destino parece casi inexorable frente a fuerzas que lo superan y anonadan; excepto para algunos seres excepcionales, para quienes, frente a tales condiciones, el camino será el heroísmo o la santidad.

No hay sorpresas en todo esto, pues la pobreza y la opresión calan más allá de la carne y seguirán desatando los huracanes que harán temblar siempre al mundo; pero ¿dónde están esos seres que han sido dotados de ese poder innato para evitar todo esto? ¿Por qué temer a un mundo que sólo entiende de un poder tan limitado y pobre… y que no va más allá de su propia sombra?

¿Qué es la política sin seres humanos libres? Nada.
¿Qué es una nación sin capacidad para acoger y desarrollar a quienes la conforman? Nada.
¿Qué es una nación que se prepara día y noche para una guerra que nunca terminará? Nada.

Estamos frente a verdaderos fantasmas, elegidos por un designio sospechoso, ostentando títulos que jamás han defendido… Los políticos serán quizás algún día lo que dicen ser ahora, pero en el mejor de los mundos posibles, en un día muy lejano donde quizás nos encontremos todos frente a frente en el banquete de la vida.

Y mientras tanto, el furor de la violencia, la muerte, las migraciones forzadas, el hambre y la discriminación serán el pan de cada día… pero ahí estarán —aunque pocos— los héroes y los santos para librar su gran batalla.

Por Mario Oliva Mancía.