LA VIOLENCIA EPISTÉMICA COMO PROYECTO NECROPOLÍTICO: EL SALVADOR, LATINOAMÉRICA Y EL MUNDO.

Uno de los mayores lastres en la comprensión de la realidad está en el uso del lenguaje;1 así, la complejidad de los giros lingüísticos e intrincadas redes conceptuales podrían convertirse en factores creadores de discursos obscuros o, en el peor de los casos, demagógicos.
De esta vertiente de análisis se ha nutrido el poder opresor,2 el cual está anclado en modalidades ideológicas vertebradas en el ocultamiento y tergiversación de los datos de la verdad inmediata, y con los que el intelecto básico decide las acciones y omisiones del destino individual y colectivo.3
El repunte del saber científico-técnico ejerció gran influencia en pensadores notables como Ludwig Wittgenstein, quien en sus primeros escritos (1914-1916) pretendió ver en el lenguaje simbólico los elementos distintivos que marcan los límites del mundo;4 más allá, prefirió no hablar. Toda esta revolución intelectual que sacudió el pensamiento filosófico, al parecer, no fue más que el eco de la influencia que la ciencia desplegó con el apogeo de la Ilustración europea desde finales del siglo XVIII, y que finalmente se apoderó de otros saberes, casi neutralizándolos. De aquí nace la conocida expresión “crisis de la modernidad”, que rescata la entronización de la razón y el libre pensamiento, y su fracaso como proyecto al servicio de la humanidad; las dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX son ejemplos notables, así como la posterior crisis de violencia mundializada bajo el paradigma de la globalización, que involucra una tecnología ultracomplejizada de vigilancia, control y exterminio programado. Así, los favores de la diosa razón se han recibido a expensas de desmedidos sacrificios humanos y brutales derramamientos de sangre.5
Como punta de lanza de la revolución científico-tecnológica están los medios de comunicación satelital, los cuales han adquirido gran relevancia como centros dotados de un poder y privilegios “sospechosos”,6 ligados de forma clara a lugares bien definidos del poder político, económico y militar. Toda la jerigonza de ofrecimientos y pseudoanálisis que se vierten a diario “bajo el ropaje de verdad incuestionable” muestra una alianza entre los intelectuales de la obscuridad que usan su “ciencia” como verdaderos instrumentos vendidos al mejor postor, pastoreando de esta manera al rebaño del mundo hacia cuevas que ocultan a los depredadores de mentes y cuerpos. Se trata de una jerarquía bien ordenada que administra el caos, decidiendo “científicamente” los destinos de la humanidad entera. El ocultamiento de las razones reales que motivan todo este modus operandi está vinculado de manera concreta con ese manejo discrecional de la verdad al servicio del crimen, calificativo que no tiene ningún sentido para quienes tienen una escala de valores7 anclada en intereses puramente egoístas. Aquí vemos una de las formas de violencia más sofisticadas con las que los centros de poder acuden todos los días a mantener y sostener el estado de cataclismo mundial.8
Liberar mucha de esa información que se encuentra oculta en múltiples archivos físicos y digitales ayudaría a clarificar múltiples situaciones que intuitivamente ya casi adivinamos, y que podrían estar a la base de todo este proyecto de hegemonía mundial.
Me atrevería a creer que dentro de este proyecto existe una clara intencionalidad de contener el boom poblacional a través de la eliminación selectiva de grupos de humanos.9 La necropolítica10 como brazo armado, dentro del cual se han reclutado verdaderos técnicos en el arte del engaño… personajes dotados de las cualificaciones académicas y, por tanto, con el prestigio necesario para legitimar aun las acciones más perversas.11 Estamos ante un modelo filosófico cientificista que ha cancelado la visión de la tradición humanista, reemplazándola por el darwinismo social más carnicero.
No deben extrañar las explosiones de violencia social que sacuden y enlutan a las naciones más pobres del orbe; la proliferación del sadismo y la criminalidad, que nos recuerdan historias antiguas de guerras entre bárbaros. Pero lo anterior formaría parte de un “enfoque técnico exitoso” que ha creado las condiciones para que el ser humano se degrade y retroceda en el proceso de humanización, bajando así el umbral de tolerancia y dando lugar a la expresión del más oscuro potencial de la violencia humana.
Las teorías esgrimidas para legitimar la limpieza de la sociedad, basadas en el exterminio de todo aquello que se desvíe del orden establecido,12 nos llevarían a las tradicionales matanzas históricas y guerras civiles, las cuales solo podrán ser justificadas al margen de la causalidad señalada, y en complicidad abierta con los modelos ideológicos del poder que se reproducen en la sociedad victimizada.
La responsabilidad de los diferentes agentes en la toma de conciencia real del mal histórico producido podría tener algunos lenitivos derivados precisamente de la confusión creada por los verdaderos artífices del proyecto necropolítico mundial. Así, es preciso entender que la obscuridad ideológica creada ex profeso se suma de manera decisiva en este fenómeno de la violencia operativa, convirtiendo a los victimarios también en víctimas.
La deshumanización a todo nivel es un fenómeno que se imprime como sello indeleble en el mundo, y que se reproduce de lo macro a lo micro dentro de la dinámica del poder. Todo esto producirá unos frutos con una buena rentabilidad en las finanzas del Mercado Mundial: prostitución satelital, migraciones forzadas, ventas millonarias de licores13 y tabaco, magnicidios políticos legitimados por un orden jurídico amparado en el ius belli. Sin dejar de mencionar la carrera armamentista —que involucra no solo a Estados, sino a ciudadanos afligidos que se enfrentan a carteles de drogas, pandillas organizadas, etc.—, generando con la histeria colectiva el suficiente insumo como para empobrecer aún más a los países más necesitados.
HABLEMOS CLARO, SIN TECNICISMOS CIENTIFICISTAS FALACES, Y ENFRENTEMOS CON DIGNIDAD LOS RETOS DEL DESARROLLO DE NUESTROS PUEBLOS.

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CITAS.
1. Aquí incluyo toda aquella terminología con la cual los diferentes agentes del poder, al interior de las sociedades nacionales y mundiales, construyen el discurso hegemónico. (N. del A.)

2. La connotación de poder opresor excede las limitantes académicas tradicionales que lo adscriben a estructuras políticas determinadas. Su valoración más radical se deberá rescatar de la identificación de modelos cosmovisionales que estructuran las mentalidades colectivas, ratificándolas en su papel dentro de la construcción de la historia. (N. del A.)

3. Precisando entender que los signos objetivos de la realidad se constituyen en un lenguaje universal que no precisa de signos lingüísticos para alcanzar su validez, y que a su vez son un insumo insustituible en la construcción de modelos de ideologías liberadoras. (N. del A.)

4. Ver: Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, § 5.6. Dentro de esta línea se encuentra el famoso Círculo de Viena, formado en 1922, y que ejerció enorme influencia en el pensamiento filosófico de su época. (N. del A.)

5. Ciertamente la Ilustración surgió de manera positiva como un esfuerzo del ser humano por encontrar explicación y solución a muchos retos del “estar en el mundo”. Pero esto también generó tergiversaciones importantes que provocaron el olvido y rechazo de muchos logros de la tradición humanista. Lo anterior desplegó un relativismo conceptual derivado de la ciencia, y a la medida de quienes obtuvieron mejores dividendos dentro de este nuevo orden. Con esto, y bajo la visión del darwinismo evolucionista, los mejor dotados fueron quienes dominaron y sometieron a mayor número de humanos. La moral del poder surgió como un logro de una ciencia liberada de todas las ataduras religiosas y morales. (N. del A.)

6. Paul Ricoeur definió a K. Marx, F. Nietzsche y S. Freud, de finales del siglo XIX y principios del XX, como los “maestros de la sospecha”, en atención a los enormes aportes —cada quien en su campo del saber— con su aguda y demoledora crítica al statu quo mental de su época. Con ellos se abrió una nueva etapa en el pensamiento y accionar dentro de las sociedades modernas, quizás no para colocarlos como los arquetipos de la verdad, sino como ejemplos claros de la necesidad de reflexión crítica. (N. del A.)

7. El relativismo epistemológico impulsado desde las ciencias fácticas ha impuesto un modelo cientificista omniabarcador, lo que ha permitido la pérdida de la independencia de los métodos intrínsecos a las otras áreas del saber. Constituyéndose así la ciencia en el nuevo paradigma, que ha usurpado protagonismo de áreas del saber que involucran intereses más fundamentales. No podemos restar al saber científico-técnico sus méritos legítimos, pero sí debemos mostrar el grave peligro de poner estos logros en manos perversas. Digo “en manos perversas” porque son sólo instrumentos que operan dentro de un proyecto cosmovisional errado. (N. del A.)

8. La violencia como discurso epistémico se convierte en un instrumento contundente de la pedagogía del poder, ya que se acerca mucho en perfección negativa a la comprensión universal del mensaje que se quiere suministrar. (N. del A.)

9. Recordemos que existen dos razones básicas en el crecimiento poblacional. Una de ellas se da en los países pauperizados cuya única riqueza se encuentra en la multiplicación de sus elementos constitutivos. La otra es aquella que deriva del instinto de supervivencia, expresado a fin de perpetuarse y evitar la eventual extinción de la especie en un ambiente de hambruna perpetua, enfermedad y muerte. (N. del A.)

10. Jonathan X. Inda expone el concepto de necropolítica de la siguiente manera: “Necropolitical Projects. …what could be called the underside of biopower. We can call this underside ‘necropolitics’ (or perhaps hygienic governmentality)… Foucault also noted that there was another side of biopower… This means that biopower does not only foster life; it also routinely does away with it in order to preserve it. The reason here is that the death of the other – that is, of those deemed dangerous, unfit, or diseased – will make life more healthy and pure. The idea, then, is that under the logic of biopower, it is possible to simultaneously protect life and to authorize a holocaust”. (“Los Proyectos Necropolíticos… lo que podría ser llamado el lado subterráneo del biopoder. Nosotros podemos llamarle a este lado subterráneo ‘necropolítica’ (o quizás gubernamentalidad higiénica)… Foucault también notó que había otro lado del biopoder… Esto significa que el biopoder no solo cultiva la vida; también acaba rutinariamente con ella a fin de preservarla. La razón aquí es que la muerte del otro —esto es, de los considerados peligrosos, inadaptados o enfermos— hará la vida en general más saludable y pura. La idea, entonces, es que bajo la lógica del biopoder es posible simultáneamente proteger la vida y autorizar un holocausto”). En: Jonathan X. Inda, Anthropologies of Modernity. Foucault, Governmentality, and Life Politics, pp. 16-17.
11. Esto ya ha sido denunciado por muchos autores. En el campo de las ciencias médicas, George Rosen lo expresó así: “Que la ciencia y los conocimientos médicos se apliquen o no al examen de los problemas de la salud y cómo lo hagan, depende, con no poca frecuencia, más de los intereses y de la ideología de los grupos más poderosos que de la vigencia en el sentido médico científico”. Ver: George Rosen, De la policía médica a la medicina social, Segunda edición en español, Siglo XXI Editores Argentina, S.A., Buenos Aires, Argentina, p. 10.

12. Pero podríamos legitimar la violencia haciendo caso omiso de las críticas hechas desde el horizonte de la tradición humanista. Para ello habría que renunciar de manera contradictoria no sólo a la base axiológica de la comunidad lingüística, sino a la direccionalidad creadora de la ciencia y la técnica, así como de los saberes jurídico, médico, filosófico o teológico. (N. del A.)

13. En El Salvador las rentas del alcohol ocuparon un papel decisivo en la manutención del Estado de la época, siendo así que en el artículo 43 de la Constitución de 1872 —como en las posteriores Constituciones liberales de 1880, 1883 y 1886, con los artículos 39, 31 y 34 respectivamente— la existencia de los estancos de aguardiente se elevó al rango constitucional. Ver: Roberto Turcios, “Paisaje de reformas (1871-1897)”. En: Los Estancos, las Prácticas Monopólicas y las Rentas del Estado en El Salvador, Autores varios, Biblioteca de Historia Salvadoreña Vol. #20, 1ª edición, Dirección de Publicaciones e Impresos, Concultura, San Salvador, 2008, p. 209.