¿Que el mundo ha cambiado?… siempre estará cambiando hacia un punto aún desconocido; y en ese lugar del tiempo esperamos que la convivencia humana posea los elementos distintivos de su esencia. Porque la angustia vital está presente como el aguijón perpetuo que nos recuerda nuestra finitud y miserias, pero que también nos obliga a remontarnos a las cumbres de la reflexión para encontrar esa verdad que cada uno posee. Ahí deberemos encontrar esa realidad que nos permita continuar hacia ese futuro que es no sólo zozobra, sino también promesa. Podríamos sucumbir hacia rutas aún no exploradas, pero ya marcadas desde hace siglos con letreros advirtiéndonos del peligro, aunque absolutamente tentadoras.
Cabalgaremos irremediablemente en cada instante, obligados a decidir siempre; arriesgándonos a encontrar la clave personal con la cual abrir esa caja que todos llevamos escondida, y que deberemos abrir en un periodo de tiempo predeterminado, antes de que expire nuestra fugaz presencia en este rincón del universo. Esta es la gran tarea.