La pasión y la costumbre pueden disminuir lo voluntario sin suprimirlo jamás: el hombre arrastrado por la multitud sigue siendo hombre, y sigue respondiendo de lo que hace en ella.
Formulación de esta serie a partir de Tomás de Aquino (1888-1906, I-II, q. 77, aa. 6-7).
«Es indudable que el contagio del vicio se efectúa en las colectividades sociales exactamente como las epidemias se propagan en las aglomeraciones humanas, sirviendo aquí como medio de contagio un agente, el microbio; en los vicios sirviendo como agente de contagio la imitación.»
Trigueros (1925, p. 115, «Sobre Profilaxis Moral»), citado en Oliva Mancía (2011, p. 84, n. 143).
Una figura orgánica de la sociedad
A fines del siglo XIX, el positivismo y el darwinismo social dieron a la sociedad una figura orgánica. Spencer la presentó como un organismo que evoluciona según sus leyes, y en El Salvador esa figura se volvió imagen de gobierno. Oliva Mancía (2011) documenta una sociedad concebida como un enorme cuerpo, en el que los sectores dirigentes ocupaban la cabeza y el resto debía ajustarse a su función.1
En 1875, el Diario Oficial lo formulaba sin rodeos: «La policía es para el cuerpo social lo que la higiene para el hombre: evitar la propagación de los vicios y la comisión de los delitos es su más elevada consigna».2 Lo que el liberalismo tomó de la biología no fue solo la evolución, sino la idea de un organismo que debe protegerse de lo que lo daña. Y para protegerse, el cuerpo social debía decidir qué partes podían curarse y cuáles había que separar.
Esta serie retoma la degeneración desde la cosmovisión cristiana del mundo, que es el horizonte declarado de todo lo que sigue. Desde ese horizonte la pregunta no se limita a qué categoría usó la ciencia, sino a qué idea del hombre la sostenía.
La pregunta que deja abierta la Entrada 1
Si una categoría médica como la degeneración pudo convertirse en lenguaje de gobierno, hay que preguntar por el mecanismo que la difundió. Parte de la respuesta está en la psicología social, y no requiere suponer ni manipulación biológica ni plan central. Basta con entender cómo una idea con prestigio llega a ser creencia de muchos.
Le Bon: la multitud y la pérdida de responsabilidad
Le Bon (1895) describió la multitud como un sujeto colectivo que modifica a quienes la componen.3 Dentro de ella, el individuo pierde parte de su responsabilidad, se vuelve sugestionable y se contagia de las emociones de los demás. La idea central es el contagio: sentimientos y creencias se propagan de unos a otros sin pasar por el examen de cada cual.
La historiografía ha leído a Le Bon en su contexto. Nye (1975) lo estudió en relación con la crisis de la democracia de masas en la Tercera República francesa.4
Oliva Mancía (2011) recurre a Le Bon en un contexto preciso. Lo cita, en la edición inglesa de 1920, al tratar el papel de las multitudes en los actos criminales y la interpretación del comportamiento violento de las «clases peligrosas».5 Ese uso muestra que la psicología de masas fue ella misma una herramienta de clasificación social, y no un instrumento neutral aplicado después con error.
La tesis sitúa además a Le Bon en una constelación. Entre 1895 y 1906 escribieron sobre la muchedumbre Le Bon, sobre la eugenesia Vacher de Lapouge y sobre la violencia revolucionaria Sorel. Oliva Mancía, con apoyo en Llobera (2003, p. 3), sostiene que muchas de estas nociones fueron vistas como una estrategia del orden capitalista en ascenso. Según la traducción que la tesis recoge, Llobera (2003, p. 4) distingue entre la raza y la multitud, conceptos que pertenecen a la manera de percibir el orden social, y la violencia y la eugenesia, principios dinámicos que buscan subvertirlo.6 Según esa distinción, la multitud pertenece al grupo de ideas que describen el orden, no al de las que lo rompen.
De la analogía médica a la imitación
La metáfora del contagio no nace con Le Bon. Tarde, en Les lois de l’imitation (1890), explicó la difusión de conductas por imitación, y Sighele, en La folla delinquente (1891), aplicó esa lógica a la multitud criminal.7 Le Bon recoge ese lenguaje del contagio y lo convierte en diagnóstico de masas.
Lo que cambia en el traslado es el agente. La microbiología europea había definido no solo la causa de la enfermedad, sino también los mecanismos sociales que la generan. La tesis observa que la medicina salvadoreña no siguió esa dirección: procuró atribuir las enfermedades a factores como la raza, la herencia o la mala educación.8 El contagio dejó de ser un fenómeno de hacinamiento y pasó a ser un vicio que se transmite por imitación entre quienes pertenecen a una clase peligrosa.
Bernays: del diagnóstico al oficio
En Propaganda, Bernays (1928) trasladó la observación de Le Bon a la técnica.9 Si las masas se mueven por sugestión y por emoción, la opinión pública puede organizarse conscientemente. Lo que en Le Bon era un diagnóstico se convierte en una práctica profesional, con clientes y con tarifas. Tye (1998) ha reconstruido esa trayectoria desde la biografía de Bernays.10
No se le cita para acusar a nadie de manipular, sino porque describe un hecho de la vida colectiva que la tradición conocía mucho antes que él: las ideas se difunden también por prestigio, repetición y emoción, y no solo por demostración. Oliva Mancía (2011) no cita a Bernays. Su lugar aquí es el de un contrapunto posterior, no el de una fuente del argumento histórico.
Analogía, microbio y prestigio
La difusión de la degeneración puede leerse en tres pasos. El primero es la analogía orgánica, que da a la sociedad la figura de un cuerpo con cabeza y miembros. El segundo es el traslado microbiológico, que dota al contagio de un agente y permite hablar de miembros infectados. El tercero es el prestigio, que hace creíble lo que no se ha demostrado.
Se usa aquí «capital simbólico» en el sentido de Bourdieu (1997): el reconocimiento que da peso a un discurso con independencia de su prueba.11 La tesis registra ese peso con precisión: a comienzos del siglo XX, el discurso médico mundial tenía prestigio y credibilidad suficientes para desechar teorías de la enfermedad que la explicaran solo por causas sociales.12 La tradición escolástica había advertido el riesgo. El argumento fundado en la autoridad humana es el más débil de los argumentos, y por eso el prestigio no puede sustituir a la evidencia.13
La degeneración reunió tres condiciones que hacen creíble una categoría técnica: autoridad científica, lenguaje accesible y utilidad política. Salió de las clínicas, se volvió un modo de hablar de la ciudad y de las clases peligrosas, y acabó organizando políticas públicas.14
Esto no exige suponer manipulación biológica de nadie. Basta el contagio de una idea con prestigio. De ahí se sigue que la psicología de masas sirve para entender cómo se difunden tendencias, y no para probar que alguien las haya diseñado.
Una jerarquía de credibilidad
Ese prestigio circula en una dirección. Rudolf Virchow, en su informe sobre una epidemia de tifo en Alta Silesia, atribuyó el brote a factores sociales y económicos, y en 1905 el profesor Grancher habló ante el Congreso Internacional de la Tuberculosis en París. Su alocución apareció en el Boletín del Consejo Superior de Salud de El Salvador en 1906, dirigido por Rafael V. Castro.15 Los saberes llegan a la periferia ya legitimados por el centro, y las élites locales los aplican sobre sus propios pobres. Said (1978) describió esta relación entre conocimiento y poder para el caso de Oriente, y su esquema sirve para pensar la periferia latinoamericana con las precauciones del caso.16
El contagio en los documentos salvadoreños
La metáfora no se quedó en los libros europeos. Oliva Mancía (2011) registra su uso en El Salvador en dos momentos, y la distancia entre ambos es el objeto de esta entrada.
Octubre de 1925. El doctor Guillermo Trigueros, adhiriéndose al modelo de las «clases peligrosas», afirmó que el contagio del vicio se efectúa en las colectividades sociales exactamente como las epidemias se propagan en las aglomeraciones humanas: el microbio sirve de agente en estas, y la imitación en los vicios.17 El pasaje es útil porque reúne en una frase la analogía médica, la psicología de masas y el objeto social.
1932. Al analizar cómo se legitimaron las acciones coercitivas de ese año, la tesis recoge una imagen según la cual un «germen» ideológico carcomía las entrañas del país y cada individuo representaba un «foco de contagio» en las «zonas afectadas».18 El lenguaje es el mismo. Pero ya no describe la propagación de un vicio: sirve para pensar a las personas como focos que hay que aislar.
Dos cautelas. Estos textos muestran que el vocabulario circulaba; no prueban por sí solos que Le Bon o Bernays fueran su origen en El Salvador, y la tesis no lo afirma. Y el paso de «contagio» a «aislamiento» es un paso interpretativo que esta serie propone al leer ambos pasajes juntos.
Le Bon sobre las repúblicas latinas
La tesis usa a Le Bon también para mostrar cómo veía un europeo de la época a América Latina. En un pasaje que recoge a través de Démelas, Le Bon habla de la profunda decadencia de las repúblicas latinas de América como prueba de que el carácter y la moralidad de ciertos pueblos han recibido golpes incurables y de que su papel en el mundo está próximo a terminarse.19 La tesis añade que, en El Salvador, la figura del degenerado, entendida como característica biológica ligada a la herencia, se asimiló con facilidad por lo heterogéneo de la población.
En otro lugar explica que, para Le Bon, las multitudes —centradas sobre todo en los sectores subalternos— no eran capaces de asimilar los principios democráticos por su incapacidad física y moral, y cita de The Psychology of Revolution la tesis de que las democracias latinas son «puramente teóricas»: el absolutismo del Estado reemplazó al monárquico, y la aristocracia de la fortuna a la del nacimiento.20 El texto muestra que la psicología de masas llevaba dentro un juicio sobre qué pueblos eran capaces de gobernarse. Muestra también que el saber científico y el mundo social pertenecen a una misma cultura.
El criterio: la persona antes que la clasificación
El criterio de la serie es el de la antropología cristiana. Si cada persona ha sido creada a imagen de Dios, y esa imagen se da en todos los hombres por su naturaleza intelectual,21 ninguna clasificación social agota lo que es. La enfermedad, incluso la moral, se entiende entonces como herida que se cura y no como esencia que se separa del cuerpo social. Desde aquí la degeneración no puede ser un destino biológico.
Conviene formular con precisión doctrinal lo que la tradición concede y lo que no. Santo Tomás señala que las pasiones pueden disminuir lo voluntario sin anularlo del todo.22 Aplicado al contagio de masas, el principio cierra el paso a dos errores simétricos. El primero es el determinismo: creer que la multitud suprime la libertad y que nadie responde de lo que hace en ella. El segundo es la ingenuidad: creer que el individuo decide siempre en soledad y con plena claridad. La libertad queda condicionada, no determinada. Esa formulación será la clave de la Entrada 7, cuando se examine el Mysterium iniquitatis.
Cierre: quien padece y quien organiza
El contagio es un factor real, y por eso importa la distinción que lo atraviesa todo: entre quien padece una creencia difundida y quien la organiza. La multitud no absuelve a nadie, pero tampoco acusa a todos por igual. Esa asimetría, que el determinismo hereditario del higienismo no pudo ver, permite juzgar sin condenar a una población entera.
Mario Oliva Mancía
Notas
- Oliva Mancía (2011, pp. 203-204), pasaje sobre la visión organicista de la sociedad, que la tesis atribuye al influjo de Herbert Spencer. ↩︎
- Diario Oficial (1875, 5 de octubre, núm. 222, p. 1), citado en Oliva Mancía (2011, p. 205, n. 384). ↩︎
- Le Bon (1895). Las páginas concretas se citan según la edición inglesa (Le Bon, 1920) de la nota 5. ↩︎
- Nye (1975). ↩︎
- Le Bon (1920, pp. 25, 40-41 y 183), citado en Oliva Mancía (2011, p. 308, n. 573), donde se hace esta cita; esa nota se abre con una remisión a Candelario (2002, pp. 10-11), que no trata de Le Bon, sino del pasaje sobre la prensa de 1932 citado en el texto de la tesis. Título y datos de edición tomados de la tesis. ↩︎
- Llobera (2003, p. 3), citado en Oliva Mancía (2011, n. 143, p. 84): entre 1895 y 1906 escribieron Le Bon sobre la muchedumbre, Vacher de Lapouge sobre la eugenesia y Sorel sobre la violencia revolucionaria; y Llobera (2003, p. 4), citado en Oliva Mancía (2011, n. 573, p. 308): raza y multitud como conceptos sobre la percepción del orden social; violencia y eugenesia como principios dinámicos orientados a subvertirlo. La frase sobre la estrategia del orden capitalista en ascenso es glosa de la tesis, no de Llobera. ↩︎
- Tarde (1890); Sighele (1891). ↩︎
- Oliva Mancía (2011, p. 225). La microbiología europea había definido «no solo el agente causal, sino principalmente los mecanismos sociales generadores» de las enfermedades; la tesis señala que la interpretación de sus causas en El Salvador se procuró insertar en factores como la raza, la herencia, la mala educación o los inadecuados hábitos de higiene. ↩︎
- Bernays (1928). Se cita la obra por su tesis general, sin atribuir páginas. ↩︎
- Tye (1998). ↩︎
- Bourdieu (1997). El concepto de capital simbólico se toma aquí en sentido general; no es un análisis de Bourdieu sobre El Salvador. ↩︎
- Oliva Mancía (2011, p. 226). La tesis habla de «suficiente prestigio y credibilidad» del discurso médico mundial; la formulación de la entrada es una paráfrasis. ↩︎
- Tomás de Aquino (1888-1906, I, q. 1, a. 8, ad 2): el argumento fundado en la autoridad humana es el más débil, y el fundado en la autoridad divina, el más eficaz. ↩︎
- Propuesta de trabajo de esta serie: la hipótesis del contagio de una idea con prestigio no es una conclusión de ninguna de las fuentes citadas; el análisis de la libertad condicionada se retoma en la Entrada 7. ↩︎
- Virchow, informe sobre una epidemia de tifo en Alta Silesia (la tesis lo fecha en 1847 en un pasaje y en 1848 en otros); Grancher (1905, 27 de octubre), alocución en el Congreso Internacional de la Tuberculosis, París, publicada en el Boletín del Consejo Superior de Salud (1906, abril, n.º 2, San Salvador; director: Rafael V. Castro); ambos citados en Oliva Mancía (2011, p. 226). ↩︎
- Said (1978). ↩︎
- Trigueros (1925, p. 115), citado en Oliva Mancía (2011, n. 143, pp. 83-84), donde Trigueros aparece como adherido al modelo de las «clases peligrosas». ↩︎
- Candelario (2002, p. 11), citada en Oliva Mancía (2011, n. 168; y, con remisión a las pp. 10-11, n. 573, p. 308). Las expresiones «germen» y «foco de contagio» se citan tal como las entrecomilla la tesis. ↩︎
- Démelas (1981, p. 64), citado en Oliva Mancía (2011, p. 87, n. 153, que remite con «Ibíd.» a la n. 152). La tesis no da la obra de Le Bon de la que procede el pasaje; por eso se cita como pasaje que la tesis recoge a través de Démelas, y no como cita directa de Le Bon. ↩︎
- Le Bon (1913, pp. 314-315), citado en Oliva Mancía (2011, pp. 324-325, n. 599), que además remite, para la interrelación entre mundo social y mundo científico, a Salk (1986, p. 13), en su introducción a Latour y Woolgar (1986). La tesis no nombra a los autores del libro: Bruno Latour y Steve Woolgar. ↩︎
- Gn 1,27; Tomás de Aquino (1888-1906, I, q. 93, a. 4): la imagen de Dios se encuentra en todos los hombres por su naturaleza intelectual (imagen de creación); en los justos, por la gracia; y en los bienaventurados, por la gloria. ↩︎
- Tomás de Aquino (1888-1906, I-II, q. 77, aa. 6-7): el influjo de la pasión sobre el acto voluntario y sobre el pecado. ↩︎
Referencias
Fuentes primarias
- Bernays, E. L. (1928). Propaganda. Horace Liveright.
- Diario Oficial. (1875, 5 de octubre). N.º 222, p. 1.
- Le Bon, G. (1895). Psychologie des foules. Félix Alcan.
- Le Bon, G. (1913). The psychology of revolution. G. P. Putnam’s Sons.
- Le Bon, G. (1920). The crowd: A study of the popular mind (12.ª ed.). Benn.
- Sighele, S. (1891). La folla delinquente. Fratelli Bocca.
- Tarde, G. (1890). Les lois de l’imitation. Félix Alcan.
- Tomás de Aquino. (1888-1906). Summa theologiae. En Opera omnia iussu impensaque Leonis XIII P. M. edita. Typographia Polyglotta.
- Trigueros, G. (1925). Sobre profilaxis moral. En Escritos del doctor Guillermo Trigueros (t. I). Editorial San José.
Fuentes secundarias
- Bourdieu, P. (1997). Les usages sociaux de la science: Pour une sociologie clinique du champ scientifique. INRA.
- Candelario, S. (2002, enero-abril). Patología de una insurrección: La prensa y la matanza de 1932. Cultura, (86).
- Démelas, M.-D. (1981). Darwinismo a la criolla: El darwinismo social en Bolivia, 1880-1910. Historia Boliviana, 1(2), 55-82.
- Latour, B. y Woolgar, S. (1986). Laboratory life: The construction of scientific facts (introd. de J. Salk). Princeton University Press.
- Llobera, J. R. (2003). The making of totalitarian thought. Berg.
- Nye, R. A. (1975). The origins of crowd psychology: Gustave Le Bon and the crisis of mass democracy in the Third Republic. Sage.
- Oliva Mancía, M. D. E. (2011). Ciudadanía e higienismo social en El Salvador, 1880–1932 [Tesis doctoral, Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas»]. Repositorio UCA.
- Said, E. W. (1978). Orientalism. Pantheon.
- Tye, L. (1998). The father of spin: Edward L. Bernays and the birth of public relations. Crown.
Alcance documental. Las citas y notas siguen el sistema APA 7 adaptado al español (autor, año, página). Las citas de Le Bon (1913, 1920), Trigueros (1925), Llobera (2003), Démelas (1981), Candelario (2002) y los documentos salvadoreños proceden de las notas de Oliva Mancía (2011), con las páginas que allí figuran; la fórmula «citado en» remite siempre a ese intermediario. Candelario (2002) se cita por la versión impresa de Cultura (n.º 86, enero-abril de 2002) que consigna la tesis. Existe otra versión del artículo en línea, en la revista Istmo, que no es idéntica (por ejemplo, difiere en la redacción de algunos pasajes), por lo que las citas se dan según la tesis. La hipótesis del contagio de una idea con prestigio es una propuesta de trabajo de la serie, no una conclusión de ninguna de las fuentes citadas. Cada número de nota enlaza con su texto.
