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«La dignidad del trabajador no depende del salario que reciba ni de la condición jurídica en que se le clasifique, sino de su condición constitutiva de imagen de Dios, que ninguna operación administrativa puede suspender.»

Síntesis del contenido doctrinal de Rerum Novarum, León XIII, 15 de mayo de 1891, sobre la condición obrera y la dignidad del trabajo.

«El vapor Larache zarpó ayer del puerto de Cádiz con 206 ñáñigos deportados a la isla de Fernando Poo. La operación se realizó sin incidentes, bajo escolta de fuerzas de la marina.»

Reconstrucción sintética a partir de la prensa peninsular del 31 de marzo de 1897 (La Época, Madrid, y Diario de Las Palmas, 2 de abril de 1897).

§1. El imperio en su hora final

La primavera de 1897 encontró al Imperio español al borde del colapso. La guerra de independencia cubana, iniciada el 24 de febrero de 1895 con el Grito de Baire, se había extendido durante dos años sin que la Corona lograra reducir a la insurgencia mambisa. La política de reconcentración implantada por el Capitán General Valeriano Weyler desde febrero de 1896 había producido, además de la reprobación internacional, cientos de miles de muertos civiles por hambre y enfermedad. Estados Unidos observaba con creciente interés estratégico la posibilidad de intervenir. La prensa norteamericana, guiada por Hearst y Pulitzer, preparaba el terreno.

Retrato de Valeriano Weyler
Valeriano Weyler y Nicolau, capitán general de Cuba, autor de la política de reconcentración desde febrero de 1896. Photographic History of the Spanish-American War, Nueva York, Pearson Pub. Co., 1898. Wikimedia Commons, dominio público.

En Madrid, el gobierno conservador de Cánovas del Castillo intentaba sostener una política doble contradictoria: negociar con Washington una salida honorable a la crisis y, simultáneamente, reprimir con la máxima dureza cualquier foco de insurgencia interior en Cuba y en Puerto Rico. El 8 de agosto de 1897, Cánovas sería asesinado en Santa Águeda por el anarquista italiano Michele Angiolillo. Esa muerte cerraría un ciclo político. Nadie después de Cánovas conseguiría reunir la voluntad institucional necesaria para sostener la guerra.

Es en ese contexto de descomposición imperial donde debe leerse la última gran oleada del sistema Fernando Poo. Las expediciones de 1897 no fueron una operación normal de un sistema estabilizado. Fueron el intento desesperado de un régimen colonial que se sabía perdiendo la guerra y que aceleraba la depuración administrativa de sus poblaciones peligrosas antes de que el desenlace bélico lo dejara sin capacidad ejecutiva. La Corona limpió el archivo antes de perder el archivo.

§2. El Larache: 206 hombres al Golfo (30 de marzo de 1897)

El 30 de marzo de 1897 el vapor Larache soltó amarras en el puerto de Cádiz con 206 ñáñigos a bordo, escoltado por fuerzas de la marina. La expedición había sido preparada durante las semanas anteriores mediante traslados de detenidos desde las cárceles cubanas hasta la Península, aprovechando la mayor discreción administrativa que ofrecía el embarque peninsular respecto al habanero. Los deportados habían sido detenidos en La Habana, Matanzas, Santa Clara y Santiago durante el año anterior en operaciones de policía específicamente dirigidas contra la sociabilidad afrocubana.

El Larache hizo escala en Canarias el 2 de abril y desembarcó en Santa Isabel de Fernando Poo el 16 del mismo mes. La documentación consular británica y la prensa canaria dejaron testimonio de la travesía. Emilio Valdés Infante, cuyo libro citamos en la Entrada 4, viajó a bordo. Su testimonio, publicado en La Habana en 1898, constituye la principal fuente cualitativa sobre las condiciones del embarque, aunque —como Aranzadi ha señalado— casi omite la presencia numéricamente dominante de los ñáñigos afrocubanos.

El 28 de junio de 1897 se anunció el envío de otros 80 ñáñigos desde Cádiz. La operación se repetía. Durante todo el segundo semestre de 1897 se produjeron traslados adicionales de deportados a la Península con la intención declarada de reenviarlos hacia Fernando Poo o hacia otros presidios peninsulares como Chafarinas y Ceuta. La cifra total de ñáñigos deportados durante 1897 supera, según las estimaciones historiográficas más conservadoras, las quinientas personas.

§3. La escalada represiva y la definición de la frontera

Lo notable de la escalada represiva de 1897 no es solamente su volumen. Es su carácter selectivo. La Corona, ante la evidencia de que estaba perdiendo la guerra convencional contra los mambises, redefinió las categorías de peligrosidad administrativa. Ya no eran los insurrectos criollos blancos los principales destinatarios de la deportación. Eran los ñáñigos afrocubanos, los cuatreros rurales y —categoría nueva incorporada en esta última fase— los anarquistas peninsulares y coloniales.

La ecuación política era transparente. El insurrecto criollo blanco podía todavía negociar. Muchos de ellos, en los meses siguientes, aceptarían la Autonomía otorgada por el gobierno liberal de Práxedes Mateo Sagasta en noviembre de 1897. Sagasta destituyó a Weyler, sustituyó su política de reconcentración por una tentativa de conciliación colonial y ofreció a los criollos cubanos un régimen de autogobierno interior. La operación tenía posibilidades de éxito con las élites criollas blancas dispuestas al compromiso.

No tenía ninguna posibilidad con los ñáñigos, los cuatreros y los anarquistas. Esas tres categorías representaban, para la Corona, exactamente aquello con lo que no se podía negociar. El ñáñigo, por su construcción cuádruple ya analizada. El cuatrero, por la resistencia rural comunal irreconciliable con la modernización agraria. El anarquista, por su rechazo constitutivo del orden estatal como tal. La escalada de deportaciones de 1897 y la exclusión posterior de esas tres categorías en el indulto de 1898 son la misma operación conceptual. La frontera del pacto liberal quedó dibujada, en su forma más nítida, precisamente en el momento en que el imperio se estaba disolviendo.

§4. La Real Orden de indulto y sus tres exclusiones

La derrota militar española frente a Estados Unidos, consumada durante el verano de 1898 con las batallas de Santiago de Cuba y de Manila, precipitó el final del régimen colonial. El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París que reconocía la independencia de Cuba y transfería Puerto Rico, Filipinas y Guam a Estados Unidos. Durante los meses previos, ante la inminencia del desenlace, el gobierno de Sagasta había promulgado sucesivas Reales Órdenes de indulto para los deportados políticos, incluidos los que se encontraban en Fernando Poo.

Las Reales Órdenes de indulto contenían, sin embargo, una cláusula uniforme que ha pasado sorprendentemente inadvertida a la historiografía general: excluían expresamente a los ñáñigos, cuatreros y anarquistas. La Corona liberaba a los insurrectos blancos, a los enfermos, a los que habían cumplido más de determinados años de deportación, a los que gozaban de padrinazgo político metropolitano. No liberaba a los que constituían, en el vocabulario administrativo tardío, el sujeto exterior al pacto liberal.

Ese detalle jurídico es doctrinalmente decisivo. La Corona española, incluso en su hora final, incluso perdida la guerra, incluso obligada a reconocer la independencia cubana, no rectificó su construcción antropológica del sujeto irrecuperable. Prefirió abandonar la soberanía sobre Cuba antes que reconocer la ciudadanía plena de los ñáñigos, los cuatreros y los anarquistas. La exclusión racial-religioso-política, no la soberanía territorial, era lo que la Corona defendía en última instancia.

Solo tras la declaración formal de independencia cubana en diciembre de 1898 se produjo el indulto definitivo. En enero de 1899, según la documentación consular, todavía había cubanos deportados en Fernando Poo esperando el barco de retorno. Algunos llegarían a La Habana en los meses siguientes. Otros —los ñáñigos, precisamente— permanecerían en la isla africana bajo la nueva administración colonial española de Fernando Poo, que continuaría después de la pérdida de Cuba y hasta la independencia de Guinea Ecuatorial en 1968.

§5. El fin del sistema y su continuidad conceptual

Con la independencia de Cuba, el sistema Fernando Poo en su forma cubana desapareció. Pero la operación conceptual que lo sostenía no desapareció con él. Se dispersó. Migró. Se sedimentó en las bibliotecas antropológicas —como ha mostrado el análisis de Fernando Ortiz en la Entrada 5— y se transmutó en otros dispositivos.

En México, las Islas Marías funcionarían durante casi un siglo como equivalente carcelario insular del modelo Fernando Poo, con oleadas de deportados yaquis, anarquistas, opositores políticos, hasta su cierre en 2019. En Argentina, la isla de los Estados y Ushuaia servirían para funciones análogas. En Chile, la Isla Dawson. En Brasil, Fernando de Noronha. En Francia, la Isla del Diablo. En Portugal, Timor. Y en El Salvador —aquí es donde nuestra Serie III se conecta con el arco S4— la operación no requeriría siquiera una isla. Se realizó, más eficientemente, mediante el control administrativo del propio territorio nacional en enero de 1932.

El vapor Larache, que zarpó de Cádiz el 30 de marzo de 1897, es el último gran barco del sistema en su forma original. Sus doscientos seis pasajeros forzosos fueron los últimos deportados de un imperio que agonizaba. Ningún imperio los envió a Fernando Poo después de ellos. Pero la operación política que los envió allí sobrevivió a la Corona que la practicaba. Se convirtió en técnica disponible. Se transfirió con las bibliotecas, con las academias policiales, con los manuales de criminología, con los libros de derecho penal. Se hizo herencia intelectual.

Treinta y cinco años después de que el Larache zarpara de Cádiz, esa misma operación aterrizó en el occidente de El Salvador. Cambió el clima, cambió la latitud, cambió el idioma, cambiaron los cuerpos. No cambió la operación. Es lo que la Entrada 9, cierre de esta Serie III, se propone articular con toda precisión.


Mario Oliva Mancía


Fuentes fundamentales

Valdés Infante, Emilio. Cubanos en Fernando Poo. Horrores de la dominación española en 1897–1898, La Habana, 1898.

Aranzadi, Isabela de. «El legado cubano en África. Ñáñigos deportados a Fernando Poo. Memoria viva y archivo escrito», Afro-Hispanic Review, vol. 31, núm. 1 (Spring 2012), pp. 29–60.

Prensa peninsular de 1897: La Época (Madrid, 31 de marzo y 5 de mayo de 1897), Diario de Las Palmas (2 de abril de 1897).

Reales Órdenes de indulto para deportados en Fernando Poo, 1898. Archivo Histórico Nacional (Madrid), Sección Ultramar.

Tratado de París entre España y Estados Unidos, 10 de diciembre de 1898.

Documentación consular británica sobre desembarcos de deportados en Fernando Poo, marzo–agosto de 1897. Foreign Office Archives, Kew Gardens.

Márquez Quevedo, Xavier. Estudios sobre la escala canaria en las deportaciones a Fernando Poo, 1998.

León XIII. Rerum Novarum, carta encíclica sobre la condición obrera, 15 de mayo de 1891.

Documentación policial cubana sobre operaciones antinñáñigo, La Habana, Matanzas, Santa Clara y Santiago, 1896–1897. Archivo Nacional de Cuba.

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