Entre 1908 y 1932, los boletines del Grande Oriente Español permiten seguir una secuencia documental precisa: una escuela ya creada, una estrategia organizada para intervenir en periódicos, la adhesión editorial a un programa anticlerical y, finalmente, una formulación explícita de la enseñanza como medio de formación cultural y moral. No todas esas piezas tienen el mismo rango. Precisamente por eso, leídas en su orden, revelan algo más serio que una colección de frases: un proyecto de intervención pública.
Por qué comenzar por la escuela y la prensa
Una organización puede influir en la vida pública de muchas maneras. Puede buscar leyes, respaldar candidatos, sostener asociaciones, formar cuadros o crear un vocabulario que después circule fuera de sus recintos. En los documentos aquí estudiados aparecen dos instrumentos especialmente duraderos: la escuela, que trabaja sobre la formación de la conciencia, y la prensa, que contribuye a formar el sentido común de una época.
No conviene reducir esta relación a una conspiración mecánica. Una logia no controla automáticamente al maestro que pertenece a ella, ni un periódico que publica un artículo se convierte por ello en órgano masónico. Pero tampoco sería serio describir a la masonería como una sociabilidad confinada al rito privado cuando sus propias actas y publicaciones discuten escuelas, campañas periodísticas, legislación secularizadora y presencia de iniciados en la administración educativa.
El problema histórico consiste en determinar el grado de cada intervención. Para ello hay que distinguir resolución orgánica, memoria de gestión, adhesión editorial, ensayo firmado y actuación individual. Esa jerarquía documental será la regla de esta entrada.
1908: una escuela que ya existía
El Boletín oficial del Gran Oriente Español del 30 de mayo de 1908, año XVI, número 193, publicó la rendición de cuentas presentada ante la Gran Asamblea. En la página impresa 74 —página 10 del facsímil— se recordó que varias proposiciones aprobadas el año anterior todavía encontraban dificultades de ejecución. Esta admisión es importante: el documento no presenta una maquinaria omnipotente, sino proyectos sometidos a recursos, tiempo y obstáculos.
Sin embargo, la enseñanza aparece como una excepción concreta. El Consejo informó que, junto con otras entidades y protectores, había creado una escuela laica a la que ya asistían más de sesenta niños de ambos sexos, con posibilidades de aumentar su matrícula. La finalidad declarada era formar inteligencias emancipadas de los sofismas que, según el texto, contrariaban la razón.
La precisión cambia el peso del argumento. No estamos solamente ante el deseo abstracto de fundar escuelas: el órgano dirigente presenta una institución en funcionamiento. Tampoco podemos convertir una escuela de localización no precisada en el documento en una red nacional, ni medir con esta sola página sus métodos, duración o resultados. Lo documentado es más delimitado y, a la vez, más sólido: el Consejo asumía la creación o protección de escuelas laicas como parte legítima de su programa social y daba cuenta de una realización efectiva.
1908: de los talleres a la prensa profana
Dos páginas impresas después, el mismo ejemplar registró una proposición procedente del orador de la logia Morayta. El proyecto buscaba utilizar los periódicos profanos más afines a los ideales masónicos para desarrollar una propaganda activa y una campaña persistente contra lo que denominaba «la reacción».
El mecanismo propuesto no era vago. Debía crearse una comisión especial; los miembros de los distintos talleres enviarían trabajos sobre los asuntos señalados; la comisión examinaría los artículos y procuraría que los adecuados se publicaran en los periódicos dispuestos a prestar ese servicio. La Gran Asamblea aprobó la propuesta por unanimidad y recomendó al Consejo su pronta ejecución. La fuente se encuentra en la página impresa 76 —página 12 del PDF— del ejemplar de 1908.
Aquí sí aparece una cadena organizada: talleres que producen textos, una comisión que los selecciona y periódicos afines que los difunden. El documento no demuestra propiedad ni control general de la prensa; tampoco identifica cuántos artículos llegaron efectivamente al público. Demuestra algo distinto: la intervención periodística fue concebida como tarea institucional, discutida abiertamente y aprobada por el máximo órgano reunido.
La palabra «propaganda» poseía entonces un campo semántico más amplio que el actual y podía designar la difusión sostenida de ideas. Pero esa aclaración no debe vaciar el documento. El objetivo era intervenir en el combate cultural, no limitarse a comunicar noticias internas.
1909: programa anticlerical y rango de la fuente
El número 203, del 27 de marzo de 1909, aporta una pieza de naturaleza diferente. En la «Parte no oficial», páginas impresas 49–50 —páginas 17–18 del PDF—, el boletín elogió la campaña de la asociación profana La Prensa Libre y reprodujo para sus lectores un manifiesto anticlerical publicado previamente en periódicos de Madrid y provincias.
El programa proponía, entre otras medidas, reafirmar el matrimonio civil, garantizar libertad de enseñanza y de cátedra, abolir la enseñanza religiosa en institutos y escuelas normales, declarar laicas las escuelas primarias, secularizar cementerios, ampliar la libertad de cultos y, si existía fuerza política suficiente, separar Iglesia y Estado.
Su estatuto debe conservarse con exactitud. No es un decreto orgánico del Grande Oriente Español ni una orden que obligara a todas las logias. Es la reproducción favorable de un programa ajeno dentro de la parte editorial no oficial. Pero «no oficial» tampoco significa irrelevante: los responsables del boletín seleccionaron el texto, lo elogiaron, explicaron su afinidad con la libertad de conciencia y lo pusieron en circulación entre los miembros que no lo hubieran leído en la prensa profana.
Esta distinción fortalece la investigación. Muestra cómo una orientación puede avanzar por capas: una asamblea aprueba intervenir en periódicos; al año siguiente, el boletín reproduce y recomienda un programa anticlerical procedente de una asociación exterior. Hay continuidad ideológica y editorial, aunque no identidad jurídica entre ambas piezas.
1931: cuando el laicismo entra en la norma estatal
La Constitución española de 1931 situó la cuestión educativa en un nuevo nivel. Su artículo 48 declaró la enseñanza laica y la vinculó con el trabajo y la solidaridad humana. La escuela dejó de ser solamente un campo disputado por asociaciones, congregaciones, maestros y publicaciones: el principio laico quedó incorporado al orden constitucional de la República.
Sería metodológicamente incorrecto atribuir esta transformación a una sola organización. Republicanos, socialistas, institucionistas, librepensadores, sindicalistas, pedagogos y masones compartieron espacios y objetivos sin constituir un bloque único. La historiadora María Dolores Gómez Molleda advierte precisamente contra la tentación de presentar los proyectos educativos republicanos como fruto de una inspiración masónica exclusiva. La pregunta rigurosa no es quién lo hizo todo, sino qué redes se superpusieron, qué hombres circularon entre ellas y qué propuestas concretas lograron convertirse en norma.
1932: del programa público a la «didáctica masónica»
El Boletín del Grande Oriente Español del 10 de septiembre de 1932, época segunda, año VI, número 64, permite observar el paso desde la política educativa general hacia una antropología pedagógica explícita.
En su portada, «La educación del niño», el boletín consideró una garantía para los ideales masónicos la presencia de hombres iniciados en sus doctrinas dentro del Ministerio de Instrucción Pública. Al mismo tiempo, exhortó a los talleres a estudiar el problema escolar y a sus miembros a cooperar en la tarea desde el hogar y su esfera de influencia. El documento no prueba que el Ministerio actuara como dependencia de una obediencia. Sí prueba que la publicación interpretaba aquella presencia como oportunidad política y educativa.
En las páginas impresas 8–12 —páginas 9–13 del PDF— aparece «Didáctica masónica», firmado con el seudónimo «Séneca», profesor de Filosofía y miembro de la logia Condorcet. El autor define esa didáctica como los procedimientos que debe emplear el profesor masón para la formación cultural y moral de sus discípulos, sin perder de vista el apostolado que le corresponde.
La expresión más reveladora no es una consigna aislada, sino el mecanismo que describe. El profesor es presentado como sembrador de ideas; inculcar ideas masónicas equivale a acumular potencialidad para el futuro; primero se prepara una estructura intelectual y moral y luego se produce la identificación consciente con el ideal. La educación aparece así como acción de largo plazo: una idea sembrada en una generación puede realizarse en la siguiente.
El artículo culmina en una definición antropológica. Propone formar al hombre «para el hombre», orientado a esta vida y no al cielo, laico y sin creencias; rechaza la necesidad de la revelación y atribuye a cada individuo la tarea de modelar su propio espíritu y su conducta moral bajo la autoridad de la razón. No es solamente una propuesta técnica sobre métodos de aula. Es una respuesta completa a la pregunta por quién es el hombre, cuál es su fin y qué autoridad puede guiar su conciencia.
De nuevo hay que respetar el género. «Didáctica masónica» es un artículo firmado, no una constitución de la obediencia ni una resolución unánime. No autoriza a atribuir la misma antropología a cada masón. Su importancia reside en que el órgano oficial lo publicó, lo hizo circular entre sus lectores y lo situó en un ejemplar cuya portada vinculaba expresamente masonería, escuela y administración pública.
Dos antropologías frente al niño
El conflicto educativo de la época no se reduce a decidir si una escuela enseña religión durante una hora. En el fondo se enfrentan dos concepciones de la persona y de la autoridad.
En Divini illius Magistri, publicada por Pío XI en 1929, el niño no es materia disponible para que el Estado o una asociación fabriquen al ciudadano deseado. Es persona creada por Dios, miembro de una familia que posee prioridad educativa en el orden natural y sujeto de una formación integral abierta a su destino trascendente. La Iglesia ejerce una misión propia y el Estado debe proteger derechos, promover el bien común y coordinar esfuerzos sin absorber a la familia.
En «Didáctica masónica», por el contrario, la revelación aparece como obstáculo y la razón individual como instancia última de construcción moral. La divergencia no está entre inteligencia y oscuridad —la tradición cristiana jamás ha negado la razón—, sino entre una razón abierta a la verdad recibida y una razón erigida en arquitecta autosuficiente del hombre.
Esta comparación tampoco convierte toda educación pública, laica o científica en enemiga de la fe. El problema surge cuando la legítima autonomía de los saberes se transforma en clausura antropológica; cuando educar deja de significar conducir a la persona hacia la verdad y pasa a significar producir un tipo humano previamente definido por el poder cultural o político.
Lo que la historiografía obliga a matizar
Los documentos internos muestran intención y, en algunos casos, organización y resultados concretos. Pero no bastan para medir por sí solos la amplitud nacional de la influencia. El estudio de José Ignacio Cruz Orozco sobre masonería y educación ofrece un contrapeso indispensable: las logias fueron un sector del movimiento laicista español, pero republicanos, socialistas y libertarios tuvieron, en conjunto, mayor protagonismo en la creación y sostenimiento de escuelas laicas. De unas ciento sesenta instituciones estimadas para aquellos años, la vinculación masónica directa solo puede documentarse con seguridad en una pequeña parte.
Ese dato no invalida el boletín de 1908. Lo coloca en su medida exacta. Hubo una escuela creada y hubo voluntad institucional de actuar; no hubo, según la evidencia hoy disponible, un monopolio masónico de la educación laica española. Gómez Molleda llega a una cautela semejante para la Segunda República: hay coincidencias, canales de influencia y miembros activos, pero también divisiones internas, pactos con la realidad y múltiples fuerzas concurrentes.
El estudio de José Antonio Ferrer Benimeli sobre las logias del Grande Oriente Español aporta el marco institucional y geográfico necesario para no confundir el programa de una obediencia con una masonería universal y homogénea. Las logias variaron en duración, fuerza, implantación y actividad; la existencia de una red no significa idéntica capacidad de acción en cada territorio.
Por qué esta entrada es el verdadero punto de partida
Garibaldi mostró en la entrada anterior cómo una biografía puede transformarse en símbolo político transnacional. Aquí aparece el mecanismo de transmisión: escuelas que forman, publicaciones que seleccionan, comisiones que coordinan, asociaciones profanas que amplifican y miembros que ocupan espacios públicos.
La investigación no buscará una línea recta desde Madrid hasta San Salvador. Buscará vehículos verificables: boletines recibidos, correspondencia, reconocimientos entre obediencias, membresías individuales, periódicos, asociaciones educativas, legislación y actuaciones documentadas. Solo esa trazabilidad permitirá distinguir cuatro niveles que suelen confundirse: semejanza de ideas, circulación de textos, relación institucional y acción política coordinada.
La hipótesis de trabajo puede formularse sin estridencia: cuando escuela y prensa se conciben como instrumentos de regeneración humana, la disputa política deja de limitarse al gobierno y alcanza la definición misma de persona. El ciudadano ya no es únicamente quien participa en la comunidad; puede convertirse en el producto esperado de una pedagogía.
Balance probatorio
| Grado | Conclusión editorial |
|---|---|
| Documentado | En 1908 el Consejo informó de una escuela laica ya creada con más de sesenta alumnos; la Gran Asamblea aprobó por unanimidad una estrategia para producir, seleccionar y publicar artículos en periódicos afines. |
| Documentado con rango editorial | En 1909 la parte no oficial del boletín elogió y reprodujo un programa anticlerical; en 1932 la portada valoró la presencia de iniciados en el Ministerio y un artículo formuló una didáctica masónica. |
| Inferencia razonable | Escuela, prensa y presencia pública integraron un repertorio sostenido de intervención cultural del Grande Oriente Español. |
| Límite | Las fuentes no prueban control general de la prensa, monopolio masónico de la escuela laica, obediencia uniforme de todos los miembros ni eficacia idéntica en todos los territorios. |
| Hipótesis pendiente | La recepción concreta de estos textos, redes y modelos en El Salvador debe demostrarse con documentación local y conexiones transatlánticas específicas. |
Fuentes para esta entrada
Fuentes primarias
- Boletín oficial del Gran Oriente Español, 30 de mayo de 1908, año XVI, n.º 193, páginas impresas 74 y 76 —páginas 10 y 12 del PDF—: escuela creada y proposición sobre prensa aprobada por unanimidad.
- Boletín oficial del Gran Oriente Español, 27 de marzo de 1909, año XVII, n.º 203, parte no oficial, páginas impresas 49–50 —páginas 17–18 del PDF—: «Propaganda anticlerical».
- Constitución de la República Española de 1931, artículo 48.
- Boletín del Grande Oriente Español, 10 de septiembre de 1932, época segunda, año VI, n.º 64: portada «La educación del niño» y «Didáctica masónica», páginas impresas 8–12.
- Pío XI, Divini illius Magistri, 31 de diciembre de 1929.
Fuentes secundarias
- María Dolores Gómez Molleda, «Educación, Masonería y Segunda República»: programas, actores, canales de influencia y límites de una explicación exclusiva.
- José Ignacio Cruz Orozco, «Masonería y educación en la España contemporánea»: declaraciones ideológicas, iniciativas escolares concretas y evaluación proporcional de su alcance.
- José Antonio Ferrer Benimeli, «Las logias del Grande Oriente Español (1900–1936)»: marco institucional, extensión y variabilidad de la red.
