Cómo una fundación privada adquirió influencia estratégica sin ser el principal financiador de la salud mundial
Necropolítica, salud global y transformación de la persona · Entrada 5 de 12 · Mario Oliva Mancia
La filantropía sanitaria no deja de ejercer poder porque hable con voz paternal y financie bienes reales. La Fundación Gates no compró la OMS ni pagó por sí sola la respuesta mundial; los Estados aportaron mucho más. Su influencia fue más sofisticada: capital inicial, subvenciones finalistas, producción de evidencia, asientos de gobierno, conexión con fabricantes y capacidad para volver financiables ciertas soluciones. Ayudó a crear Gavi, cofundó CEPI y participó en los conductos que después movilizaron miles de millones públicos. En la genealogía del higienismo de población, esta forma de capital no necesita gobernar formalmente: puede seleccionar problemas, acelerar tecnologías y fijar qué resultados serán medidos. La pregunta no es si toda filantropía encubre maldad, sino por qué actores privados sin mandato electoral adquirieron capacidad constitucional sobre prioridades sanitarias mundiales y responsabilidades menores que los Estados que ejecutaron sus modelos. Quien logra definir la solución antes de que el público formule la pregunta ya posee poder político. Durante la COVID-19, ese poder tecnológico y financiero avanzó más rápido que la vigilancia duradera de secuelas, discapacidad y reparación; esa asimetría pertenece al expediente, no al terreno de la fantasía.

El poder no siempre coincide con el mayor cheque
El análisis financiero siguió el dinero desde los presupuestos públicos hasta contratos, patentes y balances empresariales. Si aplicáramos ese método de manera puramente cuantitativa, llegaríamos a una conclusión sencilla: durante la pandemia los gobiernos —sobre todo Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Japón y las instituciones europeas— aportaron mucho más a la respuesta mundial que cualquier fundación.
La conclusión es correcta, pero incompleta.
El poder institucional no depende sólo de cuánto dinero se entrega. También depende de:
- cuándo se entrega;
- para qué puede utilizarse;
- qué organización ayuda a crear;
- qué asiento de gobierno acompaña la aportación;
- qué expertos, fabricantes y reguladores conecta;
- y qué proyectos logra convertir en prioridades financiables por otros.
Ése es el significado de capital catalítico. Una cantidad privada relativamente menor puede asumir el riesgo inicial, diseñar un mecanismo, producir evidencia, convocar socios y atraer después recursos públicos mucho mayores.
El poder de agenda también se reconoce por aquello que consigue acelerar y por lo que permanece débilmente medido. La evaluación mundial de la OMS de 2026 calificó con baja confianza varias estimaciones por la reducción de pruebas y notificación; al mismo tiempo situó la condición pos-COVID alrededor del 6 % de las infecciones sintomáticas. Esto no demuestra que una fundación diseñara el vacío estadístico. Sí abre una pregunta institucional verificable: ¿por qué hubo capital catalítico para productos, plataformas y credenciales, pero no una infraestructura igualmente robusta y duradera para seguir secuelas, discapacidad y reparación?
La tesis no es que Bill Gates dirija personalmente la salud mundial. La documentación pública no permite sostenerlo. La tesis es más precisa:
La Fundación Gates convirtió capital privado temprano y finalista en poder de agenda, arquitectura y conexión. No fue el mayor pagador del sistema, pero ayudó a diseñar varios de los conductos por los que circularon fondos públicos mucho mayores.
Gavi: US$750 millones que ayudaron a crear una institución
La Alianza para las Vacunas —Gavi— comenzó en 2000 con una aportación inicial de US$750 millones de la Fundación Bill y Melinda Gates.
Ese dinero no sustituyó a los Estados. Gavi se configuró como una alianza entre:
- gobiernos donantes;
- gobiernos de países receptores;
- la Organización Mundial de la Salud;
- UNICEF;
- el Banco Mundial;
- fabricantes de vacunas;
- organizaciones de la sociedad civil;
- institutos técnicos;
- y la propia Fundación Gates.
Con el tiempo, los gobiernos financiaron la mayor parte de sus programas. Pero el capital fundador tuvo un efecto constitucional: ayudó a poner en pie una organización que no era exactamente una agencia pública, una empresa o una fundación, sino una alianza público-privada con personalidad y gobierno propios.
La fundación informa que sus compromisos acumulados con Gavi superaron los US$4,000 millones. En 2025 anunció además un compromiso de US$1,600 millones para el siguiente período estratégico, mientras la alianza advertía que no había alcanzado toda su meta de reposición.
El dato decisivo no es únicamente financiero. La Fundación Gates ocupa un asiento permanente en la Junta de Gavi, al lado de la OMS, UNICEF y el Banco Mundial. Otros miembros representan grupos de donantes, países implementadores, industria, sociedad civil e instituciones técnicas.
Un asiento no equivale a control absoluto. Las decisiones se toman en una estructura plural y los gobiernos conservan autoridad regulatoria y sanitaria. Pero sí otorga:
- acceso continuo a información estratégica;
- participación en la definición de prioridades;
- capacidad para formar coaliciones;
- conocimiento temprano de necesidades financieras;
- y voz institucional más estable que la de muchos Estados individuales.
Por eso el poder fundador no debe medirse como si fuera una donación ordinaria.
CEPI: financiar el riesgo antes de que exista un mercado
La Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias —CEPI— fue lanzada en Davos en 2017. Sus fundadores incluyeron a los gobiernos de Noruega e India, la Fundación Gates, Wellcome y el Foro Económico Mundial.
CEPI nació para resolver una falla real.
Antes de una epidemia, desarrollar vacunas contra patógenos que quizá nunca generen un mercado rentable es poco atractivo para una empresa. Cuando la emergencia ya comenzó, esperar a que el mercado ordinario responda puede costar meses o años.
El capital filantrópico y público de CEPI financia candidatos, plataformas, ensayos y capacidad antes de que exista demanda comercial segura. Durante la COVID-19, esa función se volvió central en el acelerador ACT-A y en el pilar vacunal COVAX.
Aquí aparece de nuevo la lógica catalítica:
| Etapa | Función del capital temprano |
|---|---|
| Problema huérfano | Identificar una amenaza sin mercado suficiente |
| Riesgo científico | Financiar varios candidatos antes de saber cuál funcionará |
| Riesgo industrial | Preparar producción en paralelo con los ensayos |
| Coordinación | Reunir gobiernos, laboratorios, reguladores y fabricantes |
| Escala | Utilizar resultados iniciales para movilizar compras y fondos públicos |
La fundación no ejecutó sola ninguna de esas etapas. Pero participó en la creación de la institución que las integró.
OMS: influencia real, pero no propiedad privada
Una de las afirmaciones más repetidas durante la pandemia fue que Bill Gates era “el mayor financiador de la OMS” y, por tanto, su dueño efectivo.
La frase mezcla unidades distintas.
La OMS recibe:
- contribuciones señaladas, obligatorias para los Estados miembros;
- contribuciones voluntarias básicas, relativamente flexibles;
- contribuciones voluntarias especificadas, destinadas por el donante a programas concretos;
- y fondos asociados a emergencias y alianzas.
Durante décadas, las contribuciones obligatorias quedaron por debajo de una quinta parte del presupuesto. La mayor parte del dinero voluntario llegó con distintos grados de especificación. En 2022-2023, la propia OMS informó que aproximadamente el 87 % de las contribuciones voluntarias estaba altamente especificado.
Ese diseño crea una asimetría.
La Asamblea Mundial de la Salud puede aprobar un programa general, pero el dinero flexible no siempre alcanza para ejecutarlo. Los grandes donantes —Estados, Comisión Europea, Gavi, fundaciones y otros— pueden aumentar en la práctica el peso de las áreas que deciden financiar.
La Fundación Gates figura de manera constante entre los mayores contribuyentes voluntarios y ha financiado erradicación de la poliomielitis, inmunización, malaria, tuberculosis, salud maternoinfantil, datos y desarrollo de productos. En el portal de financiación 2024-2025 de la OMS, sus contribuciones especificadas superaban US$761 millones; Gavi, otra entidad en cuya creación participa la fundación, aparecía con más de US$657 millones.
Pero de estos datos no se sigue que:
- la fundación pueda dictar resoluciones a los 194 Estados miembros;
- nombre unilateralmente al director general;
- autorice vacunas;
- imponga leyes nacionales;
- o controle cada decisión técnica.
La OMS sigue siendo una organización intergubernamental. Los Estados aprueban su programa, eligen sus órganos y aceptan o rechazan obligaciones jurídicas conforme a sus procedimientos.
La conclusión documentada es diferente:
La dependencia de fondos voluntarios especificados otorga a los grandes donantes capacidad para orientar la ejecución, incluso cuando no controlan formalmente la organización.
La reforma aprobada para aumentar gradualmente las contribuciones señaladas reconoce el problema: una institución normativa necesita más financiación previsible y flexible si pretende proteger su independencia.
COVAX: el dinero privado como garantía de un mercado
En 2020, Gavi, CEPI, la OMS y UNICEF organizaron el mecanismo COVAX.
La arquitectura ya quedó descrita: CEPI apoyaba investigación y cartera tecnológica; Gavi administraba financiación y compra; OMS evaluaba y normaba; UNICEF y la OPS contribuían a adquisición y distribución; los Estados autorizaban, recibían y aplicaban.
La Fundación Gates actuó dentro de esa red.
En agosto de 2020, la fundación aportó al Fondo Estratégico de Gavi garantías para que el Serum Institute of India fabricara a riesgo hasta 100 millones de dosis destinadas a economías de ingresos bajos y medios, con un precio objetivo máximo de US$3 por dosis. El acuerdo inicial movilizó US$150 millones en financiación a riesgo de la fundación y Gavi.
El mecanismo buscaba algo razonable: evitar que los países ricos ocuparan primero toda la capacidad fabril. El capital temprano permitía reservar materia prima y comenzar producción antes de disponer de todos los resultados y autorizaciones.
Pero también consolidaba un modo particular de gobernanza:
- la decisión de qué plataforma respaldar se concentraba en una alianza técnica;
- la producción dependía de grandes fabricantes seleccionados;
- los países receptores negociaban menos que un comprador soberano de gran volumen;
- y el acceso quedaba vinculado a contratos, listados regulatorios y calendarios elaborados fuera de cada comunidad.
El efecto no fue puramente negativo. COVAX entregó vacunas donde de otro modo habrían llegado aún más tarde. Tampoco fue una distribución igualitaria perfecta: los nacionalismos vacunales, restricciones de exportación, faltantes, entregas tardías y dosis con vida útil corta limitaron el mecanismo.
La misma institución puede ser simultáneamente:
- una respuesta solidaria ante una desigualdad real;
- y una estructura que concentra selección, negociación e información.
Los gobiernos pusieron la mayor parte del dinero
Para valorar la influencia privada debemos evitar una ilusión óptica.
En la financiación del acelerador ACT-A, los mayores aportes procedieron de Estados. Estados Unidos y Alemania representaron juntos una porción cercana a la mitad de los compromisos en las principales reconstrucciones del período. Reino Unido, Japón, Canadá, Noruega y la Comisión Europea también aportaron sumas muy superiores a la mayoría de los donantes privados.
La Fundación Gates fue importante, pero no pagó la mayor parte.
| Pregunta | Respuesta documentada |
|---|---|
| ¿Quién aportó más dinero total a la respuesta global? | Los gobiernos y organismos públicos |
| ¿Quién ayudó a crear Gavi y CEPI? | Coaliciones que incluyeron Estados, fundaciones y organizaciones internacionales |
| ¿Gates tiene voz institucional estable? | Sí, incluido un asiento permanente en la Junta de Gavi |
| ¿La fundación controla formalmente la OMS? | No |
| ¿Su financiación suele estar orientada a programas concretos? | Sí |
| ¿Puede una aportación menor generar influencia desproporcionada? | Sí, si financia la arquitectura, el riesgo temprano y la coordinación |
La formulación correcta no es “Gates pagó la pandemia”. Es:
Los Estados pagaron la escala; el capital filantrópico ayudó a definir y conectar una parte de la arquitectura que absorbió esa escala.
Poder de agenda, poder epistemológico y poder de red
El poder catalítico opera en tres niveles.
1. Poder de agenda
Financiar una enfermedad, una plataforma o un indicador hace que universidades, consultoras, ministerios y organizaciones desarrollen capacidad alrededor de ese problema.
Esto puede corregir negligencias graves. La poliomielitis, la malaria o la mortalidad infantil no deberían depender del interés comercial de los mercados ricos.
Pero escoger una prioridad también desplaza otras. Cada dólar especificado para una campaña vertical deja menos flexibilidad para:
- atención primaria;
- salarios y formación de personal;
- salud mental;
- enfermedades crónicas;
- agua y saneamiento;
- nutrición;
- o infraestructura local.
La pregunta no es si la prioridad financiada es buena. Es quién compara esa prioridad con las necesidades que quedan fuera.
2. Poder epistemológico
La fundación financia investigación, medición, modelización, datos y evaluación. La evidencia producida ayuda a decidir qué intervención parece costo-efectiva y escalable.
Eso puede mejorar políticas. También puede generar circularidad:
- un donante define el problema;
- financia el método para medirlo;
- apoya la intervención;
- financia parte de la evaluación;
- y utiliza el resultado para atraer nuevos recursos.
La circularidad no prueba fraude. Demuestra la necesidad de:
- revisión independiente;
- publicación de datos;
- declaración de conflictos;
- pluralidad metodológica;
- y financiación de preguntas que puedan contradecir al patrocinador.
3. Poder de red
Una fundación mundial puede conectar ministros, directores de agencias, investigadores, bancos de desarrollo, empresas, medios y organizaciones civiles con una velocidad que pocos parlamentos poseen.
La literatura académica habla de “diplomacia de red”: influencia ejercida mediante posiciones, relaciones y convocatorias, no a través de un mando jerárquico único.
Ésta es una forma de poder real y difícil de auditar. Los registros públicos muestran subvenciones, asientos, alianzas y compromisos formales, pero no agotan influencia informal, acceso anticipado, selección de expertos, circulación de personal, reuniones privadas ni capacidad para convertir una prioridad en lenguaje común de gobiernos y organismos. La transparencia financiera es indispensable, pero no basta para medir el poder de red.
Lo que la filantropía puede hacer y lo que no debe sustituir
La filantropía global posee ventajas:
- puede financiar bienes que el mercado ignora;
- acepta riesgos que un ministerio evita;
- opera más allá de ciclos electorales;
- reúne conocimiento especializado;
- y moviliza atención hacia poblaciones olvidadas.
El problema aparece cuando esas virtudes se convierten en sustitutos de la legitimidad democrática.
Una fundación:
- no recauda mediante representación política;
- no responde ante todos los ciudadanos afectados;
- no puede ser removida por una elección;
- no tiene el mismo deber de publicidad que un Estado;
- y conserva gran libertad para abandonar una prioridad.
Por eso las alianzas público-privadas necesitan límites institucionales. Cuanto más poder adquieran sobre bienes públicos, mayor debe ser su obligación de:
- publicar contratos y criterios;
- separar financiación de evaluación;
- declarar intereses patrimoniales;
- incluir países receptores y comunidades afectadas en decisiones reales;
- aceptar auditoría externa;
- y establecer mecanismos de reclamación.
No se trata de expulsar el capital privado. Se trata de impedir que la generosidad sea utilizada como fuente de autoridad no examinada.
Una lectura cristiana: don, propiedad y bien común
La tradición cristiana no condena la riqueza por el hecho de existir ni sospecha de toda donación.
Dar recursos para salvar vidas, investigar enfermedades o llevar vacunas a poblaciones pobres puede ser una obra auténtica de solidaridad. El empresario y el científico pueden cooperar al bien común.
Pero el don no convierte al donante en dueño de la finalidad humana.
La doctrina social de la Iglesia sostiene simultáneamente:
- la legitimidad de la propiedad;
- el destino universal de los bienes;
- la solidaridad con quien sufre;
- la subsidiariedad, que protege la capacidad de familias, comunidades y naciones;
- la participación;
- y la prioridad de la persona sobre las estructuras.
El capital filantrópico es moralmente legítimo cuando sirve esos principios. Se vuelve problemático si:
- la comunidad recibe una solución que no pudo deliberar;
- el conocimiento local queda subordinado por sistema;
- la persona es reducida a indicador;
- el don público mejora reputación mientras oculta relaciones contractuales;
- o la dependencia financiera impide disentir del financiador.
La caridad no reemplaza la justicia. Una institución no puede presentar como generosidad lo que ya debía en transparencia, precio justo, reparación o participación.
Influencia demostrada, poder todavía por medir
La capacidad institucional de la Fundación Gates está documentada. Su alcance concreto debe reconstruirse decisión por decisión, sin caricatura y sin absolución anticipada.
| Nivel probatorio | Conclusión |
|---|---|
| Hecho documentado | La Fundación Gates aportó capital fundador a Gavi, mantiene compromisos financieros acumulados de gran escala y ocupa un asiento permanente en su Junta. |
| Hecho documentado | Participó con Estados y otras organizaciones en la creación de CEPI y en mecanismos de financiación vinculados a COVAX. |
| Hecho documentado | Los gobiernos aportaron la mayor parte de los recursos de ACT-A, mientras una proporción elevada de la financiación voluntaria de la OMS permaneció especificada por los donantes. |
| Inferencia razonada | El capital fundador y finalista produjo influencia superior a su porcentaje del gasto porque ayudó a crear instituciones, seleccionar programas y atraer presupuestos públicos. |
| Convergencia probatoria | La presencia simultánea en financiación, gobierno institucional, investigación, modelización y alianzas industriales aumentó la capacidad de orientar prioridades. |
| Hipótesis abierta y crecientemente plausible | La filantropía de gran escala ejerció una función constituyente dentro de la salud global al contribuir a definir problemas, instrumentos, métricas y mercados sin recibir un mandato electoral equivalente. |
| Línea probatoria abierta | Deben mapearse subvenciones, coinversiones, miembros de consejo, contratos, reuniones y resultados para medir la influencia ejercida en decisiones específicas. |
| Límite de la prueba | La documentación examinada no establece dirección unilateral sobre los Estados ni sobre el conjunto de las organizaciones participantes. |
El poder que llega antes
La Fundación Gates no necesitó financiar todo para influir mucho.
Su innovación institucional consistió en combinar:
- capital temprano;
- objetivos medibles;
- redes científicas;
- alianzas público-privadas;
- acceso a gobiernos;
- y capacidad para atraer recursos posteriores.
Ese modelo produjo bienes reales. Ayudó a financiar inmunización, desarrollo de productos y acceso para poblaciones que el mercado habría atendido tarde o nunca.
También trasladó parte de la definición del bien público hacia una institución privada extraordinariamente rica, técnicamente competente y políticamente no electa.
Por eso la crítica seria no debe fabricar una omnipotencia conspirativa. Debe examinar una transformación constitucional:
El capital filantrópico dejó de limitarse a donar dentro de políticas diseñadas por otros. Comenzó a crear instituciones, métricas y mercados capaces de orientar el uso de presupuestos públicos.
En la matriz mundial, Gates no es el soberano oculto. Es un nodo de alta centralidad.
Esa matriz tampoco posee una voluntad política única. En su propio centro apareció una ruptura que impide colocar a todos los gobiernos estadounidenses dentro del mismo proyecto:
La fractura del poder mundial: Trump contra la Agenda 2030.
Fuentes primarias y documentos institucionales
- Gavi, “The Bill & Melinda Gates Foundation”, sobre la aportación fundadora, compromisos y asiento en la Junta.
- Gavi, “Gavi Board members”.
- Gavi, “Gavi Board”, composición y funciones.
- Fundación Gates, “Committed grants”, base de subvenciones y estados financieros.
- Gavi, “World leaders recommit to immunisation amid global funding shortfall” (25 de junio de 2025).
- CEPI, “About CEPI”, misión, historia y gobierno.
- Foro Económico Mundial, “Under-the-radar moments from Davos 2017”, lanzamiento de CEPI.
- Organización Mundial de la Salud, “Funding”, estructura de contribuciones.
- Organización Mundial de la Salud, “Specified voluntary contributions, 2024-2025”, portal de contribuyentes.
- Organización Mundial de la Salud, “The Rockefeller Foundation”, ejemplo institucional de colaboración con fundaciones.
- Gavi, “The COVAX Facility”.
- Gavi, “100 million COVID-19 vaccine doses available for low- and middle-income countries as early as 2021” (7 de agosto de 2020).
- OMS, “ACT-Accelerator funding tracker”, compromisos por donante y pilar.
- Pontificio Consejo Justicia y Paz, “Compendio de la doctrina social de la Iglesia”, especialmente nn. 160-196.
- Benedicto XVI, “Caritas in veritate” (29 de junio de 2009).
Estudios y análisis secundarios
- Anne-Emanuelle Birn, “Philanthrocapitalism, past and present: The Rockefeller Foundation, the Gates Foundation, and the setting(s) of the international/global health agenda”, Hypothesis 12 (2014).
- Jeremy Youde, “The Rockefeller and Gates Foundations in global health governance”, Global Society 27 (2013): 139-158.
- Nina C. Puyvallée, “The Gates Foundation’s network diplomacy and the politics of global health”, 2025.
- Jeremy Youde, “The role of philanthropy in international relations”, Review of International Studies 45 (2019): 39-56.
- James Wilson, “Philanthrocapitalism and global health”, en Global Health.
- Mark Stevenson y Jeremy Youde, “Public-private partnering as a modus operandi: explaining the Gates Foundation’s approach to global health governance”, Global Public Health 16 (2021): 401-414.
- Gian Luca Burci, “Public-private partnerships and international health governance”, Policy and Society 43 (2024).
- Nicole Shipton et al., “A landscape analysis of global health public-private partnerships”, 2025.
