Cuando el desarrollo deja de preguntarse qué necesita la persona y comienza a decidir qué persona necesita el sistema

Necropolítica, salud global y transformación de la persona · Entrada 9 de 12 · Mario Oliva Mancia

Después de reconstruir la genealogía de la gobernanza público-privada, la Agenda 2030 debe leerse no como una consigna aislada, sino como el lenguaje mediante el cual esa red traduce aspiraciones, prioridades y criterios de medición. La pandemia volvió visible lo que antes parecía distante: metas internacionales, indicadores, financiación, programas sanitarios y plataformas digitales pueden descender con enorme rapidez hasta la vida cotidiana.

Sería intelectualmente injusto reducir la Agenda 2030 a una sola intención. Combatir el hambre, la pobreza, la mortalidad materna e infantil, la corrupción, la falta de agua, la enfermedad y el analfabetismo son bienes reales. Una crítica cristiana que despreciara esas urgencias traicionaría su propia doctrina social. Pero sería igualmente ingenuo suponer que todo aquello que se presenta bajo el nombre de desarrollo es moralmente neutro. El conflicto aparece cuando la política ya no se limita a proteger a la persona, sino que comienza a definirla mediante categorías como salud reproductiva, género, autonomía, riesgo, cobertura y cumplimiento.

Mi investigación sobre ciudadanía e higienismo social mostró cómo el poder moderno podía clasificar a los seres humanos según limpieza, productividad, normalidad y utilidad. En la nueva escala global, el lenguaje ha cambiado. Ya no se exige solamente ser limpio, civilizado o productivo. Se exige ser legible, medible, clasificable y compatible con la matriz. El antiguo higienismo de ciudadanía reaparece como higienismo de población: la persona se vuelve visible para el sistema en la medida en que puede convertirse en indicador.

El problema no es el desarrollo. El problema comienza cuando el desarrollo pretende decidir previamente qué es el ser humano y administra como rezago a quien no cabe en esa definición.

Madre, niña y personal sanitario frente a paneles de indicadores de desarrollo y salud.
Un indicador puede medir un bien real y, al mismo tiempo, borrar a la persona que no cabe en su casilla.

Leer el documento sin adhesión automática ni rechazo indiscriminado

La Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Agenda 2030 el 25 de septiembre de 2015. El documento reúne 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, 169 metas y un sistema mundial de seguimiento. Es un texto público. Puede ser leído, comparado y discutido.

Precisamente por eso deben descartarse dos simplificaciones. La primera afirma que todo objetivo es bueno porque fue aprobado mediante consenso internacional. Pero el consenso no sustituye el juicio moral. La segunda sostiene que toda referencia a salud, pobreza, clima o población encubre necesariamente un programa de exterminio. El documento, por sí solo, no demuestra esa intención.

La lectura rigurosa exige distinguir el texto adoptado, los términos abiertos, la interpretación posterior de las agencias, las condiciones de los donantes, la legislación de cada Estado y la ejecución concreta. Una misma expresión puede recibir sentidos distintos según quién la traduzca en guía, currículo, presupuesto o protocolo.

Bienes legítimos y conflicto antropológico

La Santa Sede no rechazó el conjunto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En 2015 describió la Agenda como un paso importante y apoyó los compromisos contra pobreza, hambre, exclusión y deterioro ambiental. El papa Francisco habló ante Naciones Unidas el día de su adopción y vinculó desarrollo, ambiente y bien común. En 2017 la Agenda fue llamada un signo de esperanza.

La posición católica fue, sin embargo, una adhesión con límites. La declaración interpretativa de la Santa Sede sostuvo que “género” debía conservar referencia a la diferencia sexual masculina y femenina; que “salud sexual y reproductiva” no podía incluir un derecho al aborto; que la familia y la autoridad de los padres debían ser respetadas; y que la implementación debía permanecer bajo soberanía y derecho internacional.

La postura es más exigente que una aceptación incondicional y más precisa que un rechazo total. Reconoce bienes universales, pero se niega a admitir que esos bienes sean utilizados para introducir una antropología incompatible con la vida, el cuerpo, la familia y la conciencia.

La salud reproductiva como lugar de la ruptura

El ODS 3 y el ODS 5 incorporan referencias a servicios de salud sexual y reproductiva, planificación familiar, información, educación y derechos reproductivos. La palabra aborto no aparece expresamente en la Agenda. Pero varias agencias internacionales la incorporan al interpretar esos términos.

UNFPA trabaja desde el Programa de Acción de El Cairo, donde se articulan planificación familiar, anticoncepción, salud materna, sexualidad y atención del aborto dentro de determinadas condiciones. La OMS publicó en 2022 su directriz sobre atención del aborto y sostuvo que el acceso al aborto seguro es crítico para la salud.

No estamos ante una palabra escondida ni ante una sospecha sin documentos. Estamos ante una definición normativa de salud, derecho, autonomía y vida prenatal. La medicina puede describir complicaciones, mortalidad y riesgos. Pero cuando una institución declara que la eliminación deliberada de una vida prenatal forma parte del cuidado sanitario, ha dejado el terreno de la descripción y ha entrado en una decisión antropológica y moral.

Evangelium vitae recuerda que la dignidad no comienza cuando la persona alcanza autonomía, conciencia o reconocimiento legal. Comienza con la existencia misma. Por eso la salud materna no puede construirse contra el hijo ni la defensa de la mujer mediante la invisibilidad de otra vida humana.

El cuerpo femenino y la palabra género

La igualdad jurídica y social entre varón y mujer es una exigencia de justicia. La violencia, el matrimonio forzado, la discriminación económica y la exclusión educativa son males reales. Nada de esto exige negar la diferencia sexual.

El conflicto comienza cuando “género” deja de referirse a relaciones, desigualdades o papeles sociales y se convierte en una identidad subjetiva capaz de prevalecer sobre el cuerpo. Entonces la discusión deja de ser terminológica. Afecta registros, medicina, educación, deporte, espacios de intimidad, protección de menores y libertad de conciencia.

Una política puede combatir toda discriminación injusta sin afirmar que el cuerpo carece de significado. La antropología cristiana no reduce a la persona a su biología, pero tampoco considera el cuerpo un accidente exterior que la voluntad puede redefinir sin límites. El ser humano es una unidad corporal, racional, relacional y espiritual.

La educación sexual como transmisión de una antropología

UNESCO promueve orientaciones internacionales sobre educación integral en sexualidad. Sus fines declarados incluyen prevención del abuso, información sobre el cuerpo, consentimiento, reproducción, infecciones, anticoncepción, identidad y derechos.

Los niños deben ser protegidos e informados. El desacuerdo no está allí. La pregunta decisiva es quién define el contenido, la edad, el lenguaje y la visión de la sexualidad; qué papel conservan los padres; y si una concepción discutida de persona puede presentarse como ciencia neutral.

Toda educación sexual transmite una antropología, incluso cuando afirma limitarse a datos. Hablar de cuerpo, deseo, vínculo, consentimiento, procreación y responsabilidad implica responder qué es el ser humano y para qué existe la sexualidad. La neutralidad absoluta no existe. Lo honesto es reconocer la visión que se transmite y respetar el derecho de las familias a conocerla, discutirla y objetarla.

De la meta al presupuesto: cómo una idea se vuelve norma

La Agenda 2030 no legisla automáticamente dentro de cada país. Su fuerza opera de manera más gradual. Una meta se convierte en indicador; el indicador permite comparar; la comparación identifica rezagos; el rezago orienta financiación, asistencia técnica, programas escolares, guías sanitarias y litigios.

Lo que entra en el indicador se vuelve visible, financiable y exigible. Lo que queda fuera corre el riesgo de desaparecer del tablero y, finalmente, de la política.

La medición puede mejorar la rendición de cuentas. Pero también puede convertir una opción moral en requisito técnico. Si autonomía reproductiva, identidad de género o determinados currículos poseen indicadores, fondos y expertos, mientras familia, natalidad, conciencia y autoridad parental apenas aparecen, la neutralidad del sistema es aparente.

La propia experiencia pospandémica muestra el límite de gobernar por cifras. La OMS ha advertido que la reducción de pruebas y notificación volvió poco representativas las estadísticas mundiales de COVID-19. El Instituto Nacional del Cáncer documentó diagnósticos omitidos durante 2020 que no fueron recuperados por completo en 2021. Cuando el indicador se apaga, el enfermo no desaparece. Sólo deja de ser contado.

No existe una sola Agenda 2030 en ejecución

La Agenda fue adoptada por consenso, pero su interpretación no es uniforme. Dentro de Naciones Unidas conviven resoluciones negociadas por Estados, guías de secretarías, recomendaciones de comités, campañas de agencias y programas financiados por donantes. No existe una mente única llamada “la ONU”.

Sin embargo, la ausencia de un mando único no elimina la convergencia. Una agencia puede producir una guía, una fundación financiarla, una universidad acreditarla, una ONG ejecutarla, un gobierno condicionarla y un tribunal citarla. La repetición convierte una interpretación en norma profesional sin necesidad de una orden secreta.

China confirma que la Agenda 2030 no pertenece exclusivamente al liberalismo occidental. Mediante la Iniciativa para el Desarrollo Global, promovió reducción de pobreza, seguridad alimentaria, vacunas, financiación, industrialización, economía digital y conectividad. China puede rechazar aspectos del liberalismo cultural y, al mismo tiempo, adoptar metas, indicadores, planificación poblacional y dirección técnica.

Esto revela la flexibilidad del instrumento. Puede ser apropiado por redes público-privadas occidentales o por un desarrollismo autoritario de Estado. Los modelos difieren en ideología y estructura, pero coinciden en transformar problemas humanos en objetivos medibles, programas financiables y sistemas de administración.

La ruptura soberanista no resuelve por sí sola el problema

El rechazo estadounidense de la Agenda 2030 en 2025 demostró que el consenso no era irreversible. Como se expuso en Soberanía frente a la Agenda 2030, la administración Trump impugnó la arquitectura multilateral y varias de sus categorías sobre aborto, sexo y género.

Ese enfrentamiento es relevante, pero no convierte al soberanismo en garantía automática de una antropología cristiana. El Estado nacional también puede utilizar tecnología, capital, vigilancia y coerción. La pregunta no es sólo si una política es globalista o soberanista, sino si reconoce la dignidad de cada persona, limita el poder y responde por sus consecuencias.

Una lectura cristiana del desarrollo

El desarrollo humano integral exige el bien de toda la persona y de todas las personas. Por eso la salud materna debe proteger a madre e hijo; la igualdad debe respetar la diferencia sexual; la educación debe reconocer a los padres; la autonomía debe admitir vínculos y deberes; la ciencia debe servir a la vida; la cooperación debe respetar subsidiariedad; y la sostenibilidad no puede presentar al ser humano como carga demográfica.

La crítica cristiana no es nostalgia ni rechazo del mundo común. Es defensa de límites. Coopera con todo lo verdadero y justo, pero se niega a aceptar que el agua potable llegue acompañada por una redefinición obligatoria de la persona, que la ayuda sanitaria exija aborto, que la igualdad requiera negar el cuerpo o que la cooperación internacional suprima la soberanía moral de familias y comunidades.

Lo que el documento permite afirmar

Nivel probatorioConclusión
Hecho documentadoLa Agenda 2030 contiene 17 ODS y 169 metas públicas e incluye bienes sociales compatibles con la doctrina social cristiana.
Hecho documentadoLas metas 3.7 y 5.6 incorporan salud sexual y reproductiva y derechos reproductivos; la OMS publicó una guía sobre aborto y UNESCO promueve educación integral en sexualidad.
Hecho documentadoLa Santa Sede apoyó los fines sociales de la Agenda y formuló reservas expresas sobre aborto, género, familia, autoridad parental y soberanía.
Hecho documentadoChina promovió la Iniciativa para el Desarrollo Global como instrumento para acelerar los ODS mediante financiación, infraestructura, digitalización y planificación estatal.
Inferencia razonadaLos términos abiertos permiten que agencias, donantes y gobiernos incorporen definiciones normativas de persona, cuerpo, sexualidad y reproducción que no fueron aceptadas del mismo modo por todos los Estados.
Convergencia probatoriaLa secuencia meta–indicador–financiación–currículo–protocolo–litigio puede transformar una orientación internacional no vinculante en norma administrativa y profesional.
Hipótesis abierta y crecientemente plausibleLa Agenda 2030 funciona como una matriz flexible de gobernanza que vuelve a la persona legible, medible y administrable.
Línea probatoria abiertaCada programa debe auditarse mediante presupuesto, currículo, contrato, indicador y resultado para conocer su contenido antropológico real.
Límite de la pruebaEl texto de la Agenda no demuestra por sí solo que todos los ODS sean anticristianos ni un plan secreto único de despoblación.

El desarrollo no puede borrar a la persona

La Agenda 2030 reúne bienes universales y conceptos disputados. Puede financiar agua potable y, dentro de otra interpretación, promover una noción de derecho reproductivo incompatible con la vida prenatal. Puede proteger a mujeres contra la violencia y, al mismo tiempo, disolver la categoría corporal de mujer. Puede ampliar educación y desplazar a los padres.

No existe una respuesta responsable de una sola palabra. La tarea es discernir programa por programa, definición por definición y contrato por contrato.

El cristiano puede cooperar con todo lo verdadero y justo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero no puede aceptar que el desarrollo exija aborto, que la igualdad exija negar el cuerpo ni que la cooperación mundial absorba la conciencia de familias y pueblos.

La disputa por la Agenda 2030 es, en último término, una disputa por la definición de la persona. Esa definición pudo traducirse después en registro, credencial e interoperabilidad. De allí parte la siguiente entrada: Del certificado al cuerpo digital: identidad sanitaria y vigilancia.


Fuentes primarias y documentos institucionales

  1. Naciones Unidas, “Transforming our world: the 2030 Agenda for Sustainable Development” (25 de septiembre de 2015).
  2. Naciones Unidas, “Sustainable Development Goal 3”.
  3. Naciones Unidas, “Sustainable Development Goal 5”.
  4. UNFPA, “Programme of Action of the International Conference on Population and Development” (El Cairo, 1994).
  5. Organización Mundial de la Salud, “Abortion care guideline” (2022).
  6. Organización Mundial de la Salud, “Access to safe abortion critical for health of women and girls” (9 de marzo de 2022).
  7. UNESCO, “International technical guidance on sexuality education”.
  8. Santa Sede, “Statement on the adoption of the 2030 Agenda” (2015).
  9. Santa Sede, “Press release on the adoption of the 2030 Agenda” (2015).
  10. Santa Sede, “Note on the first anniversary of the adoption of the 2030 Agenda” (2016).
  11. Papa Francisco, “Message on the 2030 Agenda and Sustainable Development Goals” (2017).
  12. Juan Pablo II, “Evangelium vitae” (25 de marzo de 1995).
  13. Misión de Estados Unidos ante la ONU, “Remarks rejecting the 2030 Agenda” (4 de marzo de 2025).

Estudios y análisis secundarios

  1. Susan Yoshihara, “Rights by stealth: the role of UN agencies in sexual and reproductive policy”.
  2. Alicia Ely Yamin, “Power, suffering, and the struggle for dignity”, University of Pennsylvania Press.
  3. Mary Ann Glendon, “Rights Talk”.
  4. Helen Alvaré, “Putting children’s interests first in U.S. family law and policy”.

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