El Salvador. Celebración de la Independencia Patria y las migraciones. La urgencia de una cultura propia.


Las migraciones del tercer al primer mundo, al parecer casi siempre han tenido un carácter forzado. Una vergüenza para sus países de origen, y una grandísima ventaja para los receptores, dado que entre esas muchedumbres desterradas van verdaderos talentos y hasta genios.

Esta es la riqueza que se va, desesperados pero convencidos de que ese es el camino para salvar no solo su precario patrimonio y sostener a sus familias, sino para salvar la vida misma, ya puesta en riesgo por el crimen galopante.

El Salvador es un triste ejemplo, y la culpa, no nos equivoquemos, “es de todos”. Una afirmación aparentemente descabellada, pero que tiene una verdad incuestionable. Nadie, arriesgando la vida o dignidad, abandona feliz y triunfante su hogar. Porque la sola búsqueda de la seguridad material, aunque importante, por desgracia la mayoría de las veces se entiende —al final de la vida— que fue una condición que pudo haberse evitado.

La solución a esta causal generadora del gran holocausto migratorio —así como del resto de lastres arrastrados por generaciones— se encuentra en la unión de todos los salvadoreños.

La causa fundamental, siempre, aunque de manera superficial aceptada, es la pobreza. Pero esta “Pobreza” no se refiere a la falta exclusiva de riqueza material. Si así fuera, ningún animal existiría en el planeta, y aunque los depredamos, ellos se defienden con su instinto, algo que para el humano vendría a ser en paralelo, y en grado sumo, la cultura acumulada, transmitida y mejorada en el transcurso del tiempo.

Cuando este proceso se rompe, adviene —entre otras— esta catástrofe migratoria. No confundamos el turismo con un viaje marcado por la incertidumbre. Y para los que tienen mejor suerte y pueden pedir su visado, admitan la angustia y/o temor ante un posible rechazo por parte del oficial de migración ante el deseo de querer entrar “al cielo”. ¿Y por qué no podría ser al revés?

Absoluta vergüenza, si la aceptamos como un mal inevitable o simplemente un destino. Y es que esa cultura de supervivencia que nos pudiera reivindicar se encuentra por ahora distorsionada y pervertida. Posiblemente adrede… pero no hay jaula perfecta, y es tiempo de que nos planteemos desde el interior de nuestras respectivas conciencias qué debemos hacer y cómo desarrollarnos para construirla, porque ya poseemos las bases para eso.

No vamos a imitar a Cuba, China o a Norteamérica; eso sería de monos infradotados. Sí podemos rescatar las perlas y diamantes de la sabiduría mundial, así como otros las nuestras. Pero en respeto e igualdad, porque cada país está destinado a conquistar el universo, “su universo vital”, admirando y amando la patria, pero no desde lejos, casi como espectros, desarticulados de la realidad, “nuestra realidad”, a la que realmente pertenecemos.

Por tales razones, en una fecha como hoy, es imprescindible retomar “el reto” de enfrentar nuestros problemas sociales, económicos y políticos, con soluciones desarrolladas desde la honestidad más elevada, apoyada en los mejores espíritus cultivados en áreas críticas para la reconstrucción y empoderamiento del país.

Descubramos a nuestros compatriotas de verdadero talento y sabiduría. No solo al técnico que sabe crear la riqueza, pero que le duele repartirla porque carece de sabiduría. Tampoco a los que, sin saber crear riqueza porque no aprendieron, siempre quieren ver el mundo como un escenario donde la injusticia está “entificada” como un ser maligno en grupos específicos, para con los cuales no hay un diálogo sincero, solo la sospecha y la intriga. Porque quedaron anclados en una visión dogmática de revolución que ya quedó desfasada. Ningún modelo ideológico es culmen de perfección, solo se aproxima a ella en complementariedad, unos más otros menos. El no aceptar esta elemental verdad filosófica es lo que en El Salvador estalló más recientemente en la guerra de finales de los setenta y toda la década de los ochenta. Este es el error mortal de caer en el dogmatismo del utilitarismo egoísta del mal capitalismo en los primeros, o del querer ver en el modelo marxista-leninista el referente indiscutible de la sociedad ideal. Tiene sus grandes aportes como el primero, pero igual carece de perfección. El querer imponer uno u otro modelo es lo que nos tiene en un estado de guerra casi permanente.

De seguir así, vamos a continuar produciendo población esclava, aunque posean diferentes jerarquías académicas o económicas, pero que ya fuera de la patria no pasarán de ser guetos en la diáspora.

Porque en esos mundos de ilusiones no representamos más que grupos de población arrimada, y hacia la que con escasas excepciones NUNCA seremos asimilados en el sentido pleno de la igualdad ontológica. Sociedades diferentes, por supuesto, pero que han desarrollado el instinto de la supervivencia, convertida en cultura y hasta en modelo civilizatorio, pero dentro de sus propios intereses y problemas. Sin más distinciones que las que otorga el rango adquirido por la veteranía o el talento, y que en su más alta expresión aspiran a convertirse en una gran familia. Pero que erróneamente hemos convertido en el imán moderno, hacia el cual apuntan las brújulas de tantas almas desorientadas, angustiadas y empobrecidas.

Una patria, un país, tierra independiente y soberana… es “la dimensión espacio-temporal” donde se encuentra anclada la secuencia de eventos que nos trajo al mundo, y donde también quisierámos un día descansar, junto a todos aquellos que nos precedieron, compartiendo y luchando por vivir y dejar, eso: ¡¡una familia, una patria donde poder desarrollarnos hasta el infinito!!

Esto es lo que deseo para nuestro país, El Salvador, en el tan recordado día de la independencia patria.

El Salvador, San Salvador, 15 de septiembre, año 2016.caminante-sobre-mar-nubes.jpg

 

 

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