Querer llenar la copa vacía con la luz del saber,
es tan imposible como querer llenar el corazón con el amor humano.
Quizás eso nos recuerde la fragilidad y finitud, donde cabalgamos todos.
Y que la ilusión de poseer el infinito viene de una sed sin principio y sin final.
Tal vez haya un lugar, fuera del tiempo, donde exista el agua que todo lo sacie.
Ahí, quizás, se acabe ese afán por querer abrazar el universo,
y pretender que el corazón humano sea un destino, y no el camino perfecto hacia la plenitud soñada.
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