«Vetat iustitia, vetat ratio atheam esse, vel, quod in atheismum recideret, erga varias, ut loquuntur, religiones pari modo affectam civitatem, eademque singulis iura promiscue largiri.»
«La justicia y la razón prohíben que el Estado sea ateo o —lo que recae en el ateísmo— que se muestre indiferente respecto a las diversas religiones, como suele decirse, otorgándoles indistintamente a cada una los mismos derechos.»
— León XIII, Libertas praestantissimum, 20 de junio de 1888, § 21.
Con esta entrega la serie llega a su vértice temático. Las cinco entradas anteriores han preparado el terreno: el manifiesto programático inaugural (I), el análisis doctrinal del ideario del GOE tardío desde Morayta (II) y desde Lahy (III), la reconstrucción de su arquitectura jurídico-institucional (IV) y el vaciado prosopográfico centroamericano (V). Corresponde ahora enfocar el objetivo específico de la serie: el caso salvadoreño tal como emerge del corpus hispano.
El punto de partida documental
Del vaciado anterior emergieron dos referencias documentadas al espacio institucional masónico salvadoreño en el trienio 1908–1910. La primera: la Gran Logia Simbólica de El Salvador consignada como interlocutor formal del GOE en el apartado de cambios de Garantes de Amistad del acta de la Asamblea de 1910 (núm. 219 del Boletín, junio-julio de aquel año)1. La segunda: la Revista Masónica de la Gran Logia Lealtad de El Salvador consignada entre las publicaciones recibidas por canje editorial en los núms. 214 (febrero) y 216 (abril) de 19102.
Estas dos referencias son escuetas, pero productivas. Documentan la existencia simultánea o inmediatamente sucesiva —el corpus no permite discernir con seguridad— de dos denominaciones institucionales masónicas en El Salvador hacia 1910: una Gran Logia Simbólica y una Gran Logia Lealtad. Documentan, además, que ambas mantenían relaciones formales con el GOE peninsular —la primera por el cauce jurídico institucional del Garante de Amistad, la segunda por el cauce editorial del intercambio publicístico—. Y documentan, por último, la existencia de una publicación masónica salvadoreña regular en el período, con la denominación Revista Masónica, dependiente de la Gran Logia Lealtad.
Existencia documentada de dos denominaciones institucionales masónicas en El Salvador hacia 1910: una Gran Logia Simbólica y una Gran Logia Lealtad.
La cuestión de la relación entre las dos obediencias
La primera pregunta que el material impone es la relativa a la naturaleza del vínculo entre la Gran Logia Simbólica y la Gran Logia Lealtad. Tres hipótesis son, a priori, compatibles con los datos disponibles.
Hipótesis A: identidad institucional. Ambas denominaciones designarían la misma obediencia bajo dos nombres diversos —el descriptivo (Simbólica) y el emblemático (Lealtad)—. Esta hipótesis es la más económica pero exige explicar por qué el mismo Boletín Oficial usa ambos nombres en el mismo trienio sin identificarlos explícitamente. En la práctica del derecho masónico interlogial de la época, las obediencias hermanas se citaban con precisión terminológica.
Hipótesis B: coexistencia simultánea. Ambas denominaciones designarían obediencias distintas coexistentes en el territorio salvadoreño en 1910. Esta hipótesis explicaría la doble mención pero exige aceptar la existencia de dos organizaciones masónicas simultáneas en un país de escasa población y con una tradición masónica todavía en consolidación institucional. Es historiográficamente posible —la coexistencia de dos obediencias en un mismo territorio no es infrecuente en el período— pero requiere corroboración externa.
Hipótesis C: sucesión inmediata. Una de las dos denominaciones habría sustituido a la otra en un momento próximo al trienio 1908–1910. La Gran Logia Lealtad podría ser una organización anterior en proceso de reorganización bajo la nueva denominación de Gran Logia Simbólica —o viceversa—. Esta hipótesis explicaría la doble mención como huella documental de una transición institucional.
El corpus del Boletín no permite decidir entre estas tres hipótesis. La resolución exige acudir a las fuentes salvadoreñas: actas fundacionales, correspondencia oficial de las obediencias, colecciones conservadas de la Revista Masónica de la Gran Logia Lealtad, y —fundamentalmente— los archivos de la actual Gran Logia Cuscatlán (fundada en 1912)3, que puede haber conservado documentación institucional del período previo a su constitución formal.
Continuidad hacia atrás: la generación liberal-masónica de 1871–1893
Hacia atrás, la reconstrucción del caso salvadoreño debe enlazar el momento documentado por el Boletín de 1910 con la generación liberal-masónica anterior, cuya militancia intelectual se concentró en los años 1871–1893. El vehículo editorial principal de esa generación fue el periódico La Universidad (1888), dirigido por el Dr. Esteban Castro Gavidia y en cuyo entorno editorial figura la presencia del joven Francisco A. Gavidia, además del núcleo de la sociedad científico-literaria «El Alba»4.
La cuestión historiográfica pendiente es la de la continuidad institucional efectiva entre esa generación y las obediencias documentadas en 1910. Dos hipótesis son plausibles.
Hipótesis de continuidad: los cuadros que sostuvieron la producción intelectual de la generación 1871–1893 se habrían transferido, con el paso de los años, a las obediencias documentadas en 1910. La Gran Logia Simbólica —o la Gran Logia Lealtad— sería, en esta lectura, la heredera institucional del liberalismo masónico salvadoreño del último tercio del XIX.
Hipótesis de refundación: la generación 1871–1893 habría sido dispersada o desarticulada por la reacción conservadora posterior a 1898, y las obediencias documentadas en 1910 serían organizaciones nuevas, con cuadros distintos y con una relación intelectual con la generación anterior mediada más por la lectura que por la sucesión personal directa.
Esta segunda cuestión historiográfica solo puede resolverse por vía prosopográfica: identificando nominalmente a los militantes de las dos obediencias documentadas en 1910 y verificando cuántos de esos nombres coinciden —directamente o en línea familiar— con los del entorno de La Universidad.
Continuidad hacia adelante: hacia la Gran Logia Cuscatlán
Hacia adelante, la reconstrucción debe conectar el momento de 1910 con la constitución formal de la actual Gran Logia Cuscatlán en 1912. Esta continuidad es cronológicamente inmediata —apenas dos años median entre las menciones del Boletín y la fundación de Cuscatlán— y por tanto historiográficamente accesible.
La hipótesis más económica es que la Gran Logia Cuscatlán se constituyó por refundación institucional a partir de una de las dos organizaciones anteriores —Gran Logia Simbólica o Gran Logia Lealtad—, o mediante la fusión de ambas. La lista de Grandes Maestros de la Gran Logia Cuscatlán, publicada por la propia obediencia y accesible desde 1912 hasta el presente, ofrece el primer instrumento para verificar esta hipótesis: los nombres del primer Gran Maestro y de sus inmediatos sucesores deberían presentar continuidad prosopográfica con los cuerpos dirigentes de las obediencias predecesoras.
Este cotejo requiere documentación local a la que el investigador salvadoreño tiene mejor acceso que el investigador extranjero: la propia obediencia conserva su documentación fundacional, y en el archivo del Área de la Sagrada y Confederada Cámara del Grado 33 en Ciudad de Guatemala —fondo documental de la Confederación centroamericana— existe información complementaria sobre las obediencias de los países hermanos del istmo5.
Líneas de investigación de archivo local
Del cuadro anterior se desprenden cuatro líneas de investigación de archivo local que la serie propone como programa operativo para la reconstrucción del caso salvadoreño.
Primera línea: localización y estudio de la colección conservada —si la hay— de la Revista Masónica de la Gran Logia Lealtad. Sus ejemplares pueden encontrarse eventualmente en la propia Biblioteca Nacional de El Salvador, en el archivo de la Gran Logia Cuscatlán, en la Hemeroteca Nacional o en colecciones privadas de familias con tradición masónica.
Segunda línea: reconstrucción prosopográfica del primer Consejo de la Gran Logia Cuscatlán (1912) mediante cotejo de los nombres del período fundacional con: (a) las nóminas de las obediencias predecesoras documentadas por el Boletín de 1910; (b) el entorno editorial de La Universidad (1888); (c) la militancia liberal documentada en la generación 1871–1893.
Tercera línea: análisis del régimen de Garantes de Amistad de las obediencias salvadoreñas de 1908–1910 a partir del cotejo con los boletines de las restantes obediencias europeas hermanas del GOE. Si el GOE recibió Garantes de Amistad de la Gran Logia Simbólica de El Salvador, es plausible que otras obediencias —especialmente el Grande Orient de France, el Grande Oriente de Italia, y las obediencias regulares mexicanas— hayan mantenido relaciones análogas cuya documentación puede haberse conservado en sus propios boletines oficiales.
Cuarta línea: cotejo con las obras historiográficas de referencia sobre la masonería centroamericana e hispanoamericana6, con vistas a establecer el marco comparativo en el que el caso salvadoreño debe leerse.
Balance
El caso salvadoreño tal como emerge del corpus del Boletín Oficial del Grande Oriente Español del trienio 1908–1910 se caracteriza por tres rasgos principales.
Primero: la existencia documentada de dos denominaciones institucionales —Gran Logia Simbólica de El Salvador y Gran Logia Lealtad— cuya relación mutua (identidad, coexistencia, sucesión) constituye una cuestión historiográfica abierta que solo puede resolverse desde el archivo local.
Segundo: la vinculación formal de al menos una de esas obediencias con el GOE peninsular mediante el régimen jurídico interlogial de los Garantes de Amistad, y de la otra mediante el intercambio editorial regular a través de su órgano publicístico, la Revista Masónica.
Tercero: la continuidad cronológicamente inmediata entre el momento documentado en 1910 y la constitución formal en 1912 de la actual Gran Logia Cuscatlán, cuya reconstrucción prosopográfica fundacional es la vía historiográficamente más productiva para articular el conjunto.
Sobre estas bases, el material del Boletín no ofrece —por sí solo— una historia de la masonería salvadoreña de comienzos del siglo XX. Ofrece algo distinto y complementario: los puntos de anclaje documental externos desde los cuales esa historia puede reescribirse con precisión, cuando la investigación de archivo local se aplique a las cuatro líneas propuestas en esta entrega.
Notas
[1] BOGOE, núm. 219, junio-julio de 1910. Acta de la Asamblea General, apartado de Garantes de Amistad.
[2] BOGOE, núms. 214 (febrero de 1910) y 216 (abril de 1910), sección de canjes editoriales.
[3] Sobre la Gran Logia Cuscatlán y su fundación en 1912, cabe remitir a la documentación institucional publicada por la propia obediencia, así como a los estudios comparativos centroamericanos publicados en REHMLAC+: Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña plus, editada desde la Universidad de Costa Rica en el marco del Programa de Estudios Históricos de la Masonería y Sociedades Patrióticas en Centroamérica dirigido por Miguel Guzmán-Stein.
[4] La Universidad, San Salvador, 1888. Sobre el entorno editorial de La Universidad y la sociedad «El Alba», cabe remitir a los trabajos monográficos del autor sobre ciudadanía e higiene social en El Salvador (1880–1932).
[5] Sobre el fondo documental de la Confederación Centroamericana del Grado 33 en Ciudad de Guatemala, cabe remitir a los trabajos comparativos publicados en REHMLAC+ y a los volúmenes de las Actas de los Simposios Internacionales de Historia de la Masonería Española coordinados por el CEHME.
[6] Francisco José Ponte Domínguez, La masonería en la independencia de Cuba, La Habana, Editorial Modas Magazine, 1954, obra clásica de referencia sobre las redes masónicas hispanoamericanas del siglo XIX; Ricardo Martínez Esquivel, Masones y masonería en la Costa Rica de los albores de la modernidad (1865-1899), San José, Editorial Universidad de Costa Rica, 2017; Miguel Guzmán-Stein, «Masonería, Iglesia y Estado: Las relaciones entre el Poder Civil y el Poder Eclesiástico y las formas Asociativas en Costa Rica (1865-1875)», REHMLAC, vol. 1, n. 1, 2009; y el volumen colectivo La Masonería en la Independencia de América. Tres siglos de fundación de la masonería simbólica (1717-2017), editado por Diana Elvira Soto Arango, Miguel Ángel Puig-Samper y José Pascual Mora-García.
Próxima entrega
La séptima y última entrega de esta serie ofrecerá la cartografía institucional completa del GOE tardío en el trienio 1908–1910: reconocimientos, Garantes de Amistad, cambios de representación diplomática interlogial con las obediencias europeas, mediterráneas, filipinas, portorriqueñas y americanas. Servirá como marco integrador de las entregas anteriores y como cierre de la serie.
Mario Oliva Mancía
