Cuando no quede ya más que un instante,
entonces tomaré tus castas manos,
y sentiré el infinito de ese universo,
que nos ha esperado desde siempre.
Y en ese latido postrero
que anuncie mi partida,
sentiré al final, ¡¡ la vida !!.
Mi libertad al fin desplegará sus alas,
y volará hacia un Santo y tibio corazón,
donde un día, quizás no tan lejano,
también tú llegarás.
Ahí estaré, deshojando margaritas…
Esperándote, junto a las estrellas.